2009: el año de la deflación

Desde niños hemos oído hablar de lo mala que es la inflación. Una inflación que, en los últimos años, nos ha llevado por la calle de la amargura pues los precios subían exponencialmente. Sin embargo, en este final del 2008, los expertos (“personas que han cometido todos los errores posibles en su campo” (Niels Bohr)) nos están avisando de que se avecina el fenómeno contrario a la inflación: la deflación. Dicho de otra manera: los precios están empezando a bajar, para regocijo de los sufridos e ignorantes ciudadanos.

¿A qué se puede deber que los comerciantes estén bajando los precios en plena campaña navideña, o que los coches se puedan comprar hoy hasta por un 25% menos que hace un año? La respuesta no puede ser más sencilla: a que los ciudadanos están sin blanca y los bancos les están dando con la puerta en las narices. La demencial orgía crediticia en la que hemos vivido inmersos en la última década, con la mayoría de la población sucumbiendo irresponsablemente a sus cantos de sirena, ha estallado en mil pedazos acabando con la capacidad consumidora de los españolitos. Ahora ha llegado el temido momento de que los millones de triunfadores del pisito paguen su cadena perpetua hipotecaria sin posibilidad de pedir más créditos. Ante semejante panorama, con una ciudadanía a la que convencieron para que se gastara sus ingresos de los próximos veinticinco años, ¿cuánta gente va a poder seguir consumiendo como si el dinero le quemara en las manos?

Lo que hoy parece una buena noticia, pues las bajadas de precios siempre lo son, a largo plazo será letal para nuestra hundida economía. Recordemos que la depresión del 29 fue precedida por una espectacular devaluación de los activos, exactamente igual que ahora. Por eso insisto tanto en que nuestro país va de cabeza hacia una depresión que será muy larga y profunda.  Sí, ya sé que el mensaje oficial de Zapatero y sus mariachis es que todo el mundo está muy mal y que en un año saldremos fortalecidos del socavón. Pero eso, sencillamente, no es verdad, porque nuestro endeudamiento y nuestro paro no tienen paragón entre los países con los que nos han querido comparar. Así que, salvo milagro que lo remedie, los villancicos del 2009 los acompañaremos musicalmente rascando botellas de anís, como hacían nuestros abuelos en nuestra anterior gran depresión, la de la posguerra.

Nos espera una España donde los bancos no volverán a fiar en décadas a quienes les deban una fortuna, lo que provocará una caída vertical del consumo y, por tanto, de la demanda. A menor consumo, mayor paro; a mayor paro, menor consumo… o sea, un círculo vicioso devastador. Conclusión final: paro a mansalva en el 2009. Feliz navidad.

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