Ateos hasta que se asustan

La frase de hoy forma parte de una cita más larga de la periodista argentina Lala Toutonian. “Ateos hasta que se asustan” es una reflexión que no puede ser más certera. Quienes sufren, pero de verdad, no por tonterías, necesitan aferrarse a la esperanza, a la fe. Cuando sientes que estás solo frente al más negro abismo, sólo te queda cerrar los ojos y confíar. ¿En qué? Pues en aquello que en silencio te dicte el corazón y que está más allá de cualquier palabra.

ateos

Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on TwitterPin on Pinterest0Email this to someone

4 comentarios

  • A Lala le diría, Fernando, que uno puede ser ateo hasta que se asusta…sin ser un hipócrita. Tú mismo lo dices: cuando eres un chaval, ves las cosas de una manera y cuando pasas los cuarenta, se ven de otra. Hasta cierto punto puede ser una evolución “natural”. Lo que pasa es que en este país hemos asociado tradicionalmente (ahora parece que empiezan a cambiar algo las cosas) el tener fe con ir a misa, rezar el rosario, hacer una novena…Como Decía Machado: “Murió don Guido, un señor / de mozo muy jaranero, / muy galán y algo torero; / de viejo, gran rezador….aquel trueno, vestido de nazareno!”
    Hay que creer, pero no en cualquier cosa, sino en algo que tenga consistencia.

    • Fernando Solera

      Efectivamente, Emilio. Y la iglesia católica, también en España, no es precisamente ejemplar a la hora de ayudar a la gente a creer en algo sólido. Por cierto, creo que recordar que ese poema es uno de los que empleó Serrat en su disco dedicado al genial poeta andaluz.

      Un abrazo.

  • Domingo

    Es verdad que en ocasiones, cuando por fin declina el día y cierro la puerta y me quedo a solas conmigo mismo, me pregunto qué sentido tiene todo esto, por qué estamos aquí y para qué, por qué la existencia y no la nada, por ejemplo. Entonces tiro de mi fe de andar por casa, una fe desvinculada de toda imaginería y jerarquía, una fe que es esperanza. Y sí, si las cosas se ponen feas reconozco que pienso en Dios (yo que no creo en él), como cuando enfermamos y pensamos en nuestra madre con un “ojalá estuvieras aquí”.

    • Fernando Solera

      Es que no queda otra, Domingo. Lo fácil, lo cómodo, es no creer en nada, sobre todo cuando la vida te va sobre ruedas. Pero cuando vienen muy mal dadas, uno se aferra a lo que haga falta. Yo he visto rezar a ateos por su salud o la de sus familiares enfermos. Todo lo que te ayude a vivir es bueno.

      Un abrazo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *