Dejarse querer

autoestima

El tuit que encabeza este artículo nos demuestra que pocas palabras son necesarias para contar lo importante. Empieza un nuevo año y confiaremos en que la caída de una hoja del calendario obre, por sí sola, el milagro de cambiar nuestras vidas. Pero sólo resultará posible si tomamos decisiones basadas en nuestra autoestima. Este loco planeta se dispone a celebrar otro año más batiendo récords de consumo de ansiolíticos y antidepresivos. No nos gusta la vida que llevamos, incluso a veces nos damos asco. Sin embargo, una vez al año, nos engañamos diciéndonos que en esta ocasión será distinto. Así, con un par. De repente llega septiembre, te miras al espejo una mañana más y te ves más viejo, más triste y con menos años por delante que por detrás. La vida sigue igual, yeah.

Si al observarte en el espejo eres de esas personas que logra mantenerse la mirada, porque con todos tus defectos estás orgullosa de ti misma, deja de leer esto. Pero si consideras que no vales nada, si te desprecias y si crees que no te mereces que te quieran, quizá te pueda servir continuar leyendo. Cuéntame una cosa, así, entre tú y yo: ¿a qué tienes miedo? ¿A no ser alguien lo suficientemente guapo, rico, encantador, brillante o inteligente? ¿Quién tiene la vara que mide las virtudes? ¿Por qué estás siempre saboteándote? ¿Quién fue la persona tan canalla que consiguió que te odiaras empecinadamente? Desde aquí no quiero promover homicidios, porque podría acabar esta noche peor que la de los cristales rotos, pero sí pretendo animarte a que asesines, metafóricamente, a quienes te hicieron tanto daño. Que alguien no te haya querido o no te haya sabido querer, no significa que no merezcas que te amen. Tras tanto dolor y tantas heridas, acabamos acorazándonos por miedo a sufrir. Cerramos nuestro corazón bajo siete llaves y las tiramos al fondo del mar. Luego ponte tú a encontrarlas.

Déjate querer, por Dios, que nadie es mejor ni más importante que nadie. Si eres un hombre o una mujer a quien la vida nunca le ha sonreído, en tu interior hallarás esa voz endiablada que te está poniendo plomo en las alas, sometiéndote a personas que no te quieren y alejándote de quienes te demuestran su amor. Si no has sufrido todavía lo suficiente, seguirás huyendo de lo bueno, encadenándote a relaciones masoquistas o flagelándote por creer que sólo mereces la soledad. Pero si te pesan los daños y ya te has cansado de sufrir, déjate querer de una santa vez. Eres una persona afortunada por el mero hecho de estar viva. No seas idiota y comprende de una santa vez que no basta desear un feliz año: sólo tú puedes lograr que así sea. Deja ya de avergonzarte y avergonzarnos y lánzate. Nadie te tiene que dar permiso para sentir lo bello que es vivir junto a quien celebra el nuevo año brindándote su amor.

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6 comentarios

  • Bernardo

    Leo varias veces el articulo,me entra un poco de angustia,reconozco que me siento identificado con partes de él,ni los fármacos ni las psicoterapias nos pueden sacar del problema,nuestro entorno influye cada vez más en nuestros juicios personales,vivimos en la competencia acompañada de un idealismo fantástico” de manera interesada”.La presión que sufre el individuo para alcanzar aspiraciones y satisfacciones es brutal,que si el logro profesional,la riqueza,la apariencia física,la acumulación de bienes y objetos son el cóctel perfecto para construir sujetos frágiles y con miedos.
    Hemos perdido parte de nuestra capacidad para amar y ser amados,algo tendrá que ver el cambio del homo sapiens al homo consumericus.

    Feliz Año.

    Un abrazo.

    • Pues lamento que te haya provocado cierta angustia, Bernardo, pero desgraciadamente es lo que hay. Vivimos en una sociedad ultracompetitiva, demencial, en la que nos estamos olvidando de que sólo somos seres humanos, y no simples animales lobotomizados.

      Feliz año y gracias por tus inteligentes reflexiones, Bernardo. Un abrazo también para ti.

  • Domingo

    No creo mucho en eso de poner el contador a cero cuando comienza un nuevo año. Ojalá fuera tan sencillo. Bajo la caricatura de ponerse a dieta, dejar el tabaco o aprender idiomas (y cómo todo eso se autodestruye a mediados de enero), se esconde nuestra resistencia al cambio, nuestro “yo no puedo”, nuestro “para qué”. Habría que empezar por preguntarse qué nos hace felices a nosotros en vez de emplear la plantilla universal de lo que se supone que alfombra el camino a la felicidad. Pero para eso habría que hacer un ejercicio de introspección y, ¡ay!, qué poco nos gusta eso. Nos dan miedo los interiores.

    • Ya lo creo que mirar adentro es muy duro, Domingo. Muchas veces acabamos siguiendo modelos de felicidad que son útiles para otros, pero que a nosotros, en cambio, nos hacen desdichados. Cada uno ha de encontrar su propio camino, pero para eso tiene que bucear entre sus miserias, y resulta poco agradable, la verdad.

      Feliz año.

  • Enzo

    Me ha encantado. Tengo miedos y tengo miedo de que justamente, estas cosas me hagan perder por nada a gente que realmente aprecio y me aprecia… gente que valoro mucho que esté en mi vida.

    • Fernando Solera

      El miedo es libre, pero hay que apoyarse en el amor. El amor es lo único que nos puede salva. Ama a quien te ame y no tengas miedo de hacerlo, Enzo. Celebro que te haya gustado y que te haya resultado útil. Un fuerte abrazo.

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