El camino de la soberbia

Uno de los pecados capitales, la soberbia, es también una de las debilidades humanas que más problemas nos acarrea porque es la peor de las consejeras. El vigor arrogante de la juventud suele conducirnos por peligrosos caminos. Pero los años y sobre todo los daños intentan, a menudo en vano, enseñarte a ser más prudente. Quien es soberbio, como quien es terco, lo tiene difícil para cambiar porque estamos todos muy condicionados y nos cuesta demasiado cambiar. Quizá bastaría con lograr modularla o al menos impedir que se nos apodere hasta el punto de destrozarlo todo, incluso familias enteras. Porque cuando la soberbia lleva el timón de tu vida puedes encallar y, si te obcecas como un mulo, incluso hundirte en las más dantescas profundidades.

Conozco ejemplos como divorcios muy complicados que han acabado fatal tanto económica como emocionalmente. Pues aunque parezca mentira, hombres y mujeres que han sufrido durísimos desengaños, vuelven a exponerse de nuevo a relaciones fraudulentas. No han aprendido nada. Sé que el ser humano es el único animal capaz de tropezar cien veces con la misma piedra, pero resulta un espectáculo desolador. Si te equivocas, por lo menos que sea cometiendo errores distintos, no el mismo que te ha hundido en la absoluta miseria. Pero nos creemos tan listos que hacemos oídos sordos, aunque eso pueda implicar nuestra perdición. Yo he conocido personas así, y ninguno de nosotros está libre de caer en la trampa letal de la soberbia. El problema radica cuando te ciegas, negándote a ver que estás conduciendo cuesta abajo y sin frenos. Mientras los demás, desesperados, ya no saben cómo advertirte de que te vas a estrellar.

Todos vemos maravillosamente la paja en el ojo ajeno pero nos cuesta un mundo ver la viga en el nuestro. Por soberbia y por estupidez, algunas víctimas de divorcios desastrosos incurren en el colosal error de volver a casarse. Y muchas de ellas acaban arruinadas e incluso suicidándose. Cuando te la han metido doblada una vez, te la pueden meter doblada cien. Si no te espabilas, la vida te va a proporcionar un golpe todavía más fuerte para bajarte del burro. La ceguera del soberbio le impide ver que sin terminar de salir de un atolladero ya están metiéndole en otro. Sé que cuesta mucho ser humilde, tener los pies en el suelo, pero por experiencia puedo asegurar que la soberbia es muy mala compañera. Por eso no vendría mal que en estas hipócritas fechas cercanas a fin de año, reflexionemos para evitar que en el 2017 cometamos los mismos errores que en los años precedentes. Todos podemos ser víctimas de engaños, pero muy especialmente por la maldita soberbia, que nos convierte en seres indefensos.

2 comentarios

  • Hola Fernando: Hablas hoy de terquedad y soberbia y me surge una pregunta: ¿Van juntas? Cada uno hablará de los casos que conozca y no me atrevo a generalizar, pero en los casos que conozco, siempre van unidas: el soberbio no da su brazo a torcer aunque eso le cueste un descalabro.
    Lo que parece que no tiene apaño es lo de tropezar en la misma piedra. Como padre hago esto extensivo a los hijos: Ni mis padres pudieron evitar que tropezara, ni yo puedo hacer que a los míos le pase lo mismo: ¿Qué podemos hacer?

    • Fernando Solera

      Buenos días, Emilio: Desgraciadamente intuyes igual que yo que los tercos suelen ser soberbios y que los soberbios suelen ser tercos. La cerrazón mental engendra el monstruo de la soberbia.

      En cuanto a las lecciones de padres a hijos, quizá deberíamos aprender un poco de los animales. En cuanto sus crías se valen por sí mismas, viven libremente y se separan de sus padres. La sobreprotección que yo he sufrido sólo me ha acarreado disgustos. Está bien que los padres aconsejen, pero teniendo muy presente que tú no eres como tus padres ni tus hijos son como tú. Cada persona es un mundo de sueños, ilusiones y miedos, y por tanto no existe una panacea universal: a mí me habría venido de perlas.

      Un fuerte abrazo y feliz navidad, querido Emilio.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *