Carta de una desconocida

(Por el 127º aniversario del nacimiento de Stefan Zweig)

Fue una compañera de la universidad quien me habló de esta película, en una de nuestras tertulias ferroviarias durante los interminables trayectos en Cercanías entre Atocha y Alcalá de Henares. Recuerdo que se llamaba Isabel, y que me la recomendó vivamente, asegurándome que era la más romántica que jamás había visto, lo que despertó mi curiosidad por una cinta de la que yo nunca había oído hablar. Cuando por fin conseguí verla, grabada en una cinta VHS cuando La2 se dignaba a emitir buen cine, comprendí los motivos por los que mi compañera me había hablado entonces tan bien de ella.

Stefan Zweig, autor del relato homónimo en que se basó Max Ophuls para rodar su mejor película y una de las mejores de la historia, nos habla de la entrega y el rechazo, del éxito y el fracaso, del recuerdo y el olvido, del amor y el desamor, de la vida y la muerte. De ti y de mí.  Si eres de los que prefieren la versión cinematográfica de una novela  a tener que leerla, ojalá Carta de una desconocida pueda despertar tu interés por los libros de este autor judío que, tras huir de Europa durante la Segunda Guerra Mundial, acabó suicidándose en el exilio junto a su mujer, desencantado con un mundo que traicionaba los valores que él defendió en toda su humanista obra. Creo que hoy, tanto para Zweig como para sus afortunados lectores, no cabe mayor homenaje que acudir a su propio legado.  A palabras como éstas, que con tan certera belleza desnudaron el alma de una mujer enamorada. Una desconocida en la que cualquiera que haya amado se podrá reconocer…

“A quién podría hablarle en esta terrible hora si no a ti, que fuiste y eres todo para mí. Ahora sólo te tengo a ti en el mundo, sólo a ti que no sabes nada de mí, que juegas o coqueteas con personas y cosas sin sospechar nada. Sólo a ti que nunca me has conocido pero al que siempre he querido. Quizá no pueda hablarte de una forma muy clara, quizá no me entiendas. Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. No te inquietes por mis palabras, una muerta ya no quiere nada, no quiere ni amor, ni compasión, ni consuelo. Sólo quiero una cosa de ti: que creas todo lo que te confiesa mi dolor, un dolor que solo busca amparo en ti. Quiero descubrirte toda mi vida, la verdadera, que empezó el día en que te conocí.”

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También se comprometieron a participar en este homenaje las siguientes bitácoras, muchas de ellas de la Comunidad de EL PAÍS, donde escribí hasta el pasado diez de marzo.

  • http://lacomunidad.elpais.com/efurom1 (El cerebro de este homenaje conjunto en la blogosfera. Gracias por invitarme.)
  • http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/fernandomaria
  • http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/miabuelapepa
  • http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/lola75
  • http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/rafaelarenasgarcia
  • http://didacgp.blogspot.com/
  • http://lacomunidad.elpais.com/elefantefor/posts
  • http://www.bitdrain.blogpost.com
  • http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/jresis
  • http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/nuri-9
  • http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/la-portada-invisible
  • http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/judiflibra (?)
  • http://elbudaoso.wordpress.com/
  • http://observatoriodelaciudadania.blogspot.es/1227036240/
  • http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/bandama4
  • http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/merhum

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