Carta elegida en Es Amor

(Deseo agradecer a Ayanta Barilli que haya elegido para su programa de radio este relato de amor que escribí hace pocos meses, y que versaba acerca de la crisis y los desahucios. Como a todos nos gusta que valoren nuestro trabajo, no deja de ser una satisfacción personal saber que todavía queda gente que aprecia lo que hacemos.)

http://fonoteca.esradio.fm/2012-02-28/carta-de-amor-segunda-oportunidad-40662.html

Cuando las pasiones de la carne joven guiaban mis primitivos impulsos, cometí un error que tú lograste perdonar. Entonces empecé a comprender lo que realmente es el amor. El de verdad, el bueno, carece de significado, porque no hay palabras en el diccionario que lo puedan definir. Fueron meses de silencios dignos, pero también de tensas indiferencias y caricias denegadas, de heridas que cicatrizaban al fuego lento del amor que todo lo cura y todo lo une, también lo nuestro. Mucho tiempo después me confesaste que la vida es demasiado corta como para malgastarla martirizándose, siempre que contemos con la opción de intentar ser felices. La culpa me siguió acompañando durante años, y tú supiste mitigarla silentemente, sabiamente, sin darme apenas cuenta. Me enamoré de ti el día que nos presentaron, lo sabes, pero quizá ignores que sólo cuando estuve a punto de perderte descubrí, de verdad, cuánto te quería. Cuánto te quiero. Cuánto he amado siempre a esa mujer herida que me conoce mejor que a sí misma, pues su intuición va más allá de lo racionalmente explicable, y que hoy ha decidido abandonarme.

Han pasado veinte años desde que te infligí tanto dolor, y no hay un solo día que no bendiga mi suerte por seguir durmiendo a tu lado. Cuando discretamente te observo mientras peinas frente al espejo tu rizada melena, morena en la juventud y ahora rubia para disimular tus canas, comprendo por qué deseo amanecer siempre contigo. Comprendo por qué las mejores canciones, aquéllas que trascendieron el cruel paso del tiempo y que tanto nos marcaron, no hablan precisamente de desahucios como el nuestro. Ni de crisis, ni de las malditas hipotecas. Porque lo más importante, como me dijiste el día que oficializaste un perdón que me hiciste presentir mucho antes, “es intentar ser felices”. ¿Cómo puedes olvidar ahora tantas y tantas lágrimas que enjugaste entonces, para poder tirar adelante porque, en el fondo, nos amábamos? Después de todo lo que hemos pasado juntos, siempre juntos, no puedo concebir que vayamos a acabar de esta manera por unas deudas que jamás debimos asumir. Sé que tengo la culpa porque fui muy imprudente, pero piensa que yo sólo quería darte el mejor hogar posible, el que tú mereces.

Antes de verte marchar, querría agradecerte los años que has compartido tu vida conmigo. No sonrías irónicamente, pues nadie mejor que tú conoce mis sobrados motivos, porque si bien la biblia asegura que la mujer nació de la costilla de un hombre, tú para mí has sido mucho más. Para este ateo irredento has sido el estómago que le ha ayudado a digerir los tragos más amargos, el cerebro que tantas veces asentó su atormentada cabeza, y el corazón que le retornaba a la vida cuando perdía la ilusión por estar aquí. Has sido la fe de quien ya no tenía por qué creer. Y todavía conservo la esperanza de que puedas seguir siéndolo, aunque ya no tengamos dinero para conservar la casa de nuestro sueños. Sé que a las palabras se las lleva el cierzo, y hoy yo no tengo más que ofrecerte. Pero piensa, mi amor, que todo lo vivido no debería poder enterrarse por otras palabras, las de esta carta del juzgado. Sé igualmente que tras el verano se multiplican las separaciones, porque las parejas muy erosionadas no soportan pasar tanto tiempo juntas. Pero también sé que este hombre cansado que un día lejano te traicionó, jamás comprenderá cómo la mujer que le enseñó lo que es el amor y el perdón, pueda abandonarle por un motivo así. Ten siempre muy presente que no existe hambre más insaciable que la causada por las penas del corazón. Del que te partí yo entonces, del que me partes tú hoy. Del que todavía estamos a tiempo de tomar en nuestras manos antes de dejarlo, porque quizá, a pesar de todo, se merezca otra oportunidad.

 

8 comentarios

  • Una relato precioso, realmente conmovedor, Fernando. La experiencia de las relaciones humanas, de la vida, con todos los aciertos y errores que cometemos, ese aprendizaje constante que nos hace crecer como personas día tras día. El resto, las circunstancias, con las que convivimos a diario y que tienden a influir nuestra actitud, ya sea para lo bueno o para lo malo.

    Pero, qué “collons”! Qué es lo bueno y qué es lo malo cuando se actua con la convicción de estar haciéndolo con la mejor de las intenciones…

    Un saludo.

  • ¡Enhorabuena, Fernando! Qué suerte tienen Ayanta y sus escuchantes de haber podido conocer un pequeño retazo de tu talento infinito. Palabras de amor las tuyas que nacen desde lo honesto y lo cotidiano, no de una love story de celuloide más falsa e impostada que un billete de cuatro euros. Gracias por recordarnos que el amor es la huella que la vida va dejando bajo nuestros ojos. Gracias por tu sensibilidad y por dejarnos ser partícipes de la misma. No dejes nunca de hilvanar palabras que nos expliquen y nos ayuden a conocernos mejor. 🙂

  • Gracias por recordarme, Fernando, que hoy no le dije a alguien a quien debo todo, que le amo
    Ahora mismo llamo por teléfono, que estoy lejos…

  • emilio

    Es mucho más calido oirlo en la voz de Ayanta (?) con su acompañamiento musical que leerlo. Enhorabuena, Fernando. Esto es solo el principio…

  • Fernando Solera

    Samuel, Domingo, Kikas y Emilio: sois más salados que las pesetas. Muchas gracias por vuestras amables palabras. Y no sigo, porque no quiero ponerme demasiado tierno, que los chicos no lloran y esas cosas 😉

  • Me ha gustado mucho tu texto. A veces escucho a Ayanta, pero no siempre me es posible. Me encantará escucharla leyendo tu texto. Enhorabuena, y ojalá sigamos leyéndote en tantas vertientes como estás mostrando.

  • Mayte

    La voz de Ayanta Barilli le da una calidez especial, pero el texto es tuyo, y tuyo el mérito porque es una carta muy profunda y realmente preciosa.

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