¿Comida basura?

El pasado viernes por la noche, Cuatro emitió un estremecedor reportaje en su programa Callejeros. En él pudimos ver, sin sutilezas ni ambages, el medio de subsistencia de decenas de miles de personas en nuestros país. Cuando llega la noche, un gentío se concentra a las puertas de los supermercados y demás centros de alimentación, aguardando sus contenedores de basura con la comida que desechan. Envases rotos o abollados, alimentos en el límite de su fecha de caducidad, productos, en definitiva, que saben que no van a ser comprados por sus clientes, son tirados por los comercios y comidos por muchos ciudadanos. Personas como tú y como yo, que la gran mayoría tuvieron una familia, un hogar, un futuro, una pareja…, que por diversas circunstancias han acabado viviendo en la indigencia, y que salen en plena noche a comer nuestra basura, mientras nosotros dormimos a pierna suelta.

El umbral de la pobreza se sitúa actualmente en los 6.000 euros anuales. Cerca de diez millones de ciudadanos que residen en nuestro país viven por debajo del citado umbral. Entre ellos, se encuentran la mitad de nuestros ancianos. Mientras, los beneficios empresariales han crecido un 73% en la última década, el doble que la media europea. Sin embargo, de los sueldos, qué te voy a contar de ellos que tú no sepas. Ante semejante cuadro, seguimos mirando hacia otra parte, quizá por lo de los ojos que no ven. Preferimos no ver a quienes desean dejar de ser invisibles para que su corazón pueda sentir que, a pesar de todo, merece la pena continuar. Olvidamos que ellos son también nosotros, aunque no tengan monovolumen, apartamento en Torrevieja o hipoteca por no beber leche Pascual. Salvo que encuentren un cartón caducado en nuestro contenedor y les toque una cadena perpetua, qué suerte.

Dichosos quienes podemos seguir viviendo dignamente, aunque ya veremos hasta cuándo. Mientras seguimos perdiendo el tiempo y las energías, defendiendo a los de una trinchera y atacando a los de la otra, ellos nos están esquilmando. Como enésima prueba del latrocinio político que estamos sufriendo, los dos ministros que han estudiado en la última década cómo hacernos nuevos agujeros, para apretar más aún nuestros sufridos cinturones, ya no caben en sí mismos. Ojalá las víctimas más indefensas de este neoliberalismo, que hoy se alimentan de nuestras basuras, logren despertar la miserable conciencia de la humanidad. Un mundo mejor debe y puede ser posible. Como afirma el sabio José Luis Sampedro: “Vivimos en una sociedad, muy rica en conocimiento científico y enormemente pobre en sabiduría, que es el arte de vivir, de llevar al colmo las potencialidades de la existencia humana”.

Fragmentos del reportaje ¿Comida basura?

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