Cositas buenas: Alejandro Jodorowsky

Recuerdo que lo descubrí una noche de domingo, en el programa after-hours “Negro sobre blanco” que Fernando Sánchez-Dragó presentaba en La2. Algo había en sus palabras que resonaron fuertemente en mi interior, y desde entonces no olvidé su nombre ni, especialmente, su apellido. Definir a este chileno hijo de inmigrantes rusos sería una temeridad como lo es, por otra parte, definir a cualquier ser humano, pues no tenemos límites, aunque desde la cuna nos hayan convencido de lo contrario. Sobre su vastísima obra se podrían escribir cientos de páginas, pero me voy a limitar a reproduciros dos de sus frases más afortunadas: “El arte, si no sirve para sanar, no sirve para nada” y “Lo que das, te lo das; lo que no das, te lo quitas”.

Os ruego que dediquéis cinco minutos, sólo cinco minutos de vuestro tiempo, nada más, a escuchar las sabias palabras de este gran maestro, más vigentes que nunca. En este vídeo Alejandro Jodorowsky nos revela algo extraordinariamente importante, aunque os resulte muy difícil de creer hoy: el terrible sufrimiento que estamos padeciendo es el proceso, tan necesario como ineludible, que nos va a permitir experimentar una colosal evolución como especie humana. No olvides sus palabras, por favor.

[youtube IGleTGufHSw]

(Este blog no se actualizará hasta el próximo jueves 16. Sed buenos y ni se os ocurra perder la esperanza.)

3 comentarios

  • luferura

    Lo que dice es realmente interesante, en mi opinión es muy acertado lo que dice sobre el sentido de la vida, resulta importante en el ámbito de cada persona, cada una encuentra el sentido de su vida, pero no hay una regla general.

    Muchas gracias y un abrazo

  • Mayte

    Yo también lo descubrí hace poco tiempo, y fue un descubrimiento espectacular. No he leído mucho de él aunque sí algo, y me parece un ser especial.

  • El programa de Sánchez-Dragó es un granero de talentos, unos ya consagrados y otros por consagrar. También yo descubrí a Jodorowsky en “Negro sobre blanco” y es una de esas personas a las que te quedarías escuchando horas, horas y horas. Sus palabras sanan el espíritu y alimentan la esperanza. Eso es un don del que los demás somos privilegiados receptores.

    Domingo acaba de escribir El polvorín pakistaní

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