De psiquiatras y abogados

Ya nos avisó Rubén Blades en Pedro Navaja de que “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay, Dios”. Aun así, jamás podía imaginar la estrecha y tácita relación existente entre abogados y psiquiatras, pues aparentemente son dos profesiones antagónicas. Mientras unos viven del delito y la trapacería inherentes al ser humano, los otros lo hacen de la soledad y el dolor ajenos. Cuál no ha sido mi sorpresa al escuchar a un psiquiatra, casualmente, decir que está muy agradecido a los abogados, pues si no existieran tendría la mitad de pacientes. Al parecer los clientes de los picapleitos, cuando acuden a sus despachos por primera vez, ya van de por sí calentitos, en un estado preneurótico, y a veces sin el prefijo. Pero cuando dichos clientes llevan varios meses sufriendo las consecuencias de haber contratado a un abogado sin escrúpulos, o sea, a un abogado, acaban sentados irremediablemente en alguno de los divanes que tan solicitados están en estos convulsos tiempos.

Si uno lo piensa detenidamente, puede descubrir que la abogacía y la psiquiatría se complementan. El abogado vive de perorar irrefrenablemente y sin sentido. El psiquiatra vive de hacer como que escucha cosas que tampoco tienen sentido. Debe de ser un espectáculo digno de reventa ver a un abogado con un psiquiatra como cliente. El primero no pararía de contarle mentiras, mientras el segundo, callado, diagnosticaría mentalmente al felón tan pelma que tiene enfrente. Si se intercambiasen los roles tampoco se notaría, pues la única diferencia estribaría en quién cobra en cada ocasión, que es lo que les importa. Me imagino al psiquiatra cuando atienda telefónicamente a su paciente abogado, dejando el teléfono hablando solo, pues ni le ve ni le cobra, mientras contempla por la ventana qué bonita es Badalona.

Los abogados siempre han vivido de su charlatanería falaz y compulsiva, por ello la política es el terreno donde estos pendejos se mueven como piraña en el agua, mientras que los psiquiatras se ganan la vida, como escribe mi tocayo Fernando Vallejo en su excelente novela El desbarrancadero, “por oírte curar solo”. Espero por tu bien que no tengas que acabar en manos de un psiquiatra, y menos aún tras haber pasado por la lengua de un togado. Aunque tanto el abogado como el psiquiatra te levantan la cartera, el primero además te quita la salud, mientras que el segundo se limita a no restituírtela. Visto así me quedo con el psiquiatra, que además calladito siempre se ha estado más guapo. Y quizá también por el chiste sobre picapleitos que me contó el otro día mi amigo el doctorcito. “¿Sabes por qué nunca aparece un abogado en los sellos de correos?: porque la gente no sabría qué lado escupir”.

2 comentarios

  • Anonymous

    “Tengas pleitos y los ganes” reza un refrán, y qué verdad encierra porque, como te falle el pleito, el abogado no te va a sacar del pozo por mucho que tú te creas que sí y que para eso lo has contratado. Aparte de corporativistas como cualquier otro gremio, suelen ser unos sinvergüenzas sin escrúpulos que se ceban en las desgracias ajenas para su lucro personal ¿no es así? Lo malo es que, en realidad, jamás se ponen en el pellejo de su cliente por más que digan, y entre papeleo farragoso y politiqueo correcto o incorrecto entre camaradas, al cliente lo destrozan vivo. Y todo ello con la minuta cobrada por anticipado, por supuesto, porque para eso sí que saben estirar la mano. TANA

  • ana

    Como en todo hay de todo, realmente si caes en manos de psiquiatra en lugar de curarte empeora la situación, empiezan con pastillas simpleas y luego te empastillan hasta que te adormecen tu vida, tu dolor, ellos no deberían jugar con la vida de nadie pero lo hacen

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