Descansa en paz

Independientemente del recorrido a seguir en el tránsito de la muerte, creo que todos convendremos que querremos descansar en paz. Tras los avatares de la vida terrenal, no siempre pródiga en alegrías y felicidades, es legítimo que tengamos la esperanza de que con la muerte finalicen también los conflictos que en vida sufrimos. Quienes han pasado por duras pruebas, aunque hayan sobrevivido a ellas, necesitan también descansar en paz. Independientemente de quién te haya tratado bien o mal, quién te haya hecho feliz o desgraciado, cuando los daños han sido de siniestro total, sólo anhelas estar en paz.

Mi vida fue una guerra, exterior primero y también contra mí mismo después, durante muchísimos años. Por eso ya sólo deseo estar en paz conmigo, y salga el sol por Antequera. Con los años aceptas que todos nos equivocamos y que el pasado no se puede cambiar, así como tampoco los afectos. Quienes no te quisieron hace 20 años no te van a querer hoy por arte de magia. Por mi experiencia no os recomiendo mendigar los afectos. Forzar los sentimientos no conduce a ninguna parte. Por eso resulta tan importante aceptar que algunos familiares no te quieran ni te hayan querido nunca, por mucho que disimulen o culpen a terceros. Y no pasa nada, porque los repudios son una asignatura troncal de la escuela de la vida.

Si estás leyendo esto y sientes que personas muy queridas te humillaron, te maltrataron, en definitiva te fallaron, aléjate de ellas tras perdonarlas. Sólo así podrás descansar en paz, aprendiendo la lección de que no debemos confiar ciegamente en nadie. Dicha ceguera es un pasaporte a tu perdición. Por cierto, he decidido escribir tras varios meses ausente sobre todo como agradecimiento a amables lectores que han querido saber cómo me encontraba. Os deseo de corazón lo mismo que para mí: que descanséis en paz. Pero no esperéis a moriros o a que os maten para hacerlo. Estamos solos y tenemos que cuidar de nosotros mismos o nadie lo hará.

La familia lo fue todo para mucha gente que con el tiempo descubrió que ese todo era sólo un mal chiste, una broma sin gracia. Pero de verdad, no te culpes si no te quisieron. Quizá nunca sabremos las razones por las que nos tocó nacer en una familia a la que nunca importamos. En mi caso un ángel se cruzó en mi camino para recorrer juntos el de ambos y hacerlo mutuamente más llevadero. La vida también merece la pena sin familia, queridos lectores. Vivir sin familia, en mi caso, supone acercarme a una paz que espero acabar alcanzando. Porque la familia puede ser una condena, pero jamás debe ser una cadena perpetua.

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4 Comments on "Descansa en paz"

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