El cine español

Me cuesta recordar cuál fue la última película española que he visto en el cine. Pudo ser Volver, del oscarizado manchego Pedro Almodóvar, más conocido como Peeedroooo. Pero por lo que veo no soy un caso excepcional, pues según un reciente estudio, casi el 60% de los españoles considera que el nivel de nuestra filmografía es mediocre. Además, casi la mitad de los ciudadanos encuestados opina que es sólo para minorías. Y como remate, dos de cada tres afirman que prefieren las películas norteamericanas. Toma, y yo.

El cine español ha contado con pocos directores de talla internacional: Berlanga, Buñuel, Fernán-Gómez, Almodóvar, Trueba, Amenábar… Resulta paradójico que la mayoría de las mejores películas de nuestro cine se produjesen bajo la infiel espada triunfadora del ferrolano. Bienvenido, Mr. Marshall, Plácido, El verdugo y Viridiana se rodaron en una España de hambre, rencores, miedos y pobrezas. Pero también hay que tener en cuenta que la necia censura, a veces, tuvo ocurrencias geniales. Como la maravillosa anécdota que cuenta Berlanga, de cómo la censura le tachó la primera frase de un guión. Decía tal que así: “Plano general de la multitud en la Gran Vía madrileña”. El censor se justificó aduciendo que, conociendo al director de la película, seguramente en dicho plano aparecería un cura saliendo de Pasapoga (conocida sala de fiestas madrileña).

Desgraciadamente el cine español del siglo XXI sólo sabe hablar de dos cosas: la guerra civil y el sexo. Muchos directores se han dedicado a rescribir la guerra y a saldar viejas deudas familiares, como si Zapatero se hubiese metido a Stanley Kubrick. Y otros tantos, probablemente de tanta hambre acumulada del sexo opuesto o del propio en las gónadas de sus antepasados, han visto afectada su genética hasta tal punto que sólo saben parir historias con personajes que viven en pelotas. Por eso me imagino que en los castings de muchas películas ya no pedirán recitar a Hamlet, bastará con un striptease para ser calibrado visualmente.

Reconozco que el cine español del destape, de Nadiuska y de las ozoradas de Esteso y Pajares, funcionó muy bien en el postfranquismo. Y comprendo que había mucho apetito y los ojos ya podían pecar sin temor a acabar en Barraquer. Pero esa época pasó, y llegó la del póntelo, pónselo, la liberación sexual, el divorcio exprés y los matrimonios homosexuales. Los nacionales, saturados de descargarse un giga diario de culos y tetas por Internet, ahora vivimos instalados en la cultura del onanismo personal (hoy a cualquier cosa le llaman cultura). Así que si el cine español quiere lograr una buena cuota de pantalla, como se dice ahora, tendrá que preocuparse más de contar como es debido historias originales con gente vestida, y menos de exigir tantas subvenciones para películas que, en bastantes ocasiones, ni siquiera llegan a estrenarse.

Si triunfa el cine norteamericano, tan denostado por los citados acaparadores de subvenciones de la ubre pública, es porque suele entretenerte durante noventa minutos. Sencillamente. Mientras que el cine español, como bien dice la mayoría en el estudio citado al principio, es para minorías. Sólo para esos pocos que todavía quieran ver otra de la guerra civil española, otra del culo de Paz Vega, u otra de Elsa Pataky como miliciana republicana.

2 comentarios

  • Anonymous

    Me ha encantando tu repaso a la cinematografía española. Coincido contigo en que ya no hay películas españolas buenas, pues sólo recurren al sexo o a temas retorcidos, incomprensibles o rencorosos, como el de la guerra y sus derivados. La última que vi fue Volver, y de momento no me seduce ninguna otra. Quizá sea porque soy de la época de las películas americanas a troche y moche en una única cadena de televisión, porque el UHF quedaba para los intelectuales, y porque en el cine tampoco nos ponían nada más que producciones de USA. TANA

  • Anonymous

    me aburre mazo el cine ese,, son unos rollos

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