El cubo de la basura

basuraAunque lo hacemos con demasiada frecuencia, no debemos responsabilizar a los demás de aquello que siempre ha dependido de nosotros. Es tan humano como inútil señalar o otros como los culpables de nuestros males, sobre todo cuando estos son originados por nuestra propia dejación o indolencia. Uno de los peores enemigos que tiene cualquier ser humano es, sin duda, la incapacidad para poner límites a los demás. Poner límites implica respeto por ti mismo y autoestima. Sin embargo, por quedar bien, por el ‘qué dirán’, muchos tendemos a dejar que los demás nos arrollen una y otra vez. Y tras sufrir tropecientos atropellos, seguimos culpando a los otros de esas desdichas, causadas exclusivamente porque somos incapaces de decir que no.

Yo puedo hablar de mí mismo, pero estoy convencido de que mis experiencias son similares a las de la mayoría de la gente que no ha sabido ponerse en su sitio. La familia, sobre todo si es de un egoísmo digno de estudio psiquiátrico, probablemente te verá como su cubo de basura ideal, si les acostumbras a estar siempre dispuesto a ser su paño de lágrimas donde enjugar sus penas. Mucho cuidado con apiadarse excesivamente de los demás, porque lo que empieza siendo un gesto de empatía por tu parte, acaba convirtiéndose en tu obligación de transformarte en el cubo de la basura de dichas personas. Si necesitan un psicólogo o un psiquiatra, que acudan a su consulta y se gasten los cuartos. Pero claro, resulta mucho más barato y cómodo tener a una persona de guardia sobre la que arrojar tus trapos sucios cada vez que te lo pida el cuerpo.

Esta clase de personas, familiares o no, tienen un denominador común: en el fondo, y aunque lo nieguen, les importas un mojón. Su prioridad es desahogarse descargando sobre ti su basura, hasta convertirte en su vertedero moral, y ahí te pudras. Por su incapacidad para resolver los problemas y tribulaciones de su vida, deciden que tú seas el cubo de la basura donde volcar todas sus frustraciones y desgracias. Pues bien, aunque al final acabes siendo odiado por este tipo de gente, no te dejan otra alternativa que mandarlos a la mierda. Sí, a la mierda, como hizo mi tocayo Fernán-Gómez en una célebre ocasión. Podrá sonar maleducado, pero más vale pecar una vez de soez que cien de imbécil. Ser buena persona no tiene nada que ver con convertirte en el basurero de nadie. Que cada palo aguante su vela. Tú no tienes por qué cargar con los problemas de quienes no quieren responsabilizarse de los suyos. Tenlo meridianamente claro: si no piensas en ti, si no te preocupas por ti, nadie lo hará.

4 comentarios

  • Bernardo

    Maravilloso este articulo, que grande eres Fernando.
    Qué difícil es encontrar personas que derrochen alegría, entusiasmo, equilibrio y serenidad.
    Sé que es duro leer mi propio relato, mi casa era un infierno, mis padres esparcieron durante años su basura, y nosotros (hijos) fuimos el cubo donde meterla. Aprovecharon nuestra indefensión porque éramos niños o adolescentes, darle la vuelta a tanta infamia es una tarea titánica, pero dicho esto, me remito a la primera parte de tu reflexión, hay que coger el toro por los cuernos y responsabilizarse de tu propia vida, mantener a raya a la gente tóxica (que hay a miles), y arrimarse todo lo posible a personas como tú, realista, con espacio para la buena vida. Gracias por la asertividad que empleas en tu comunicación.
    Un abrazo.

    • Muchas gracias por tus generosas palabras, Bernardo. Yo también he sufrido las consecuencias de unos padres psicópatas, por eso me puedo hacer una ligera idea de lo que te ha ocurrido. Pero como bien dices, hay que salir adelante, y mantener bien a raya a toda esa gente que nos confunden con el cubo de su basura. Que se la coman ellos. Un abrazo.

  • Domingo

    De mi familia más inmediata no tengo queja… y no digamos de mis padres, que con ellos me tocó la lotería. La basura siempre me ha venido de fuera, de alguna pareja o “amigo”. Sufrí martirio porque quise, hoy lo veo claro, pero entonces me costó horrores dar el puñetazo sobre la mesa. La vampirización es tal que llegan a crearte una dependencia imposible. Hasta que el fango te llega a la tráquea y entonces sólo restan dos caminos: perecer siendo la percha de los golpes de otros o quererte lo suficiente como para tirar de la anilla a tiempo. Yo he tenido que tirar de la anilla tres veces. La primera vez me costó muchísimo y la segunda tampoco fue fácil, pero la tercera ni pestañeé. Te curtes porque aprendes a valorar la finitud del tiempo, eso que nadie te va a devolver nunca.

    • Pues si con tus padres te ha tocado la lotería, no tienes ni idea de la suerte que tienes, Domingo. Disfrútalos y da gracias a la vida por tenerlos. Sí que es cierto que los familiares pueden tomarnos por el cubo de la basura, pero también ‘amigos’ que nos toman por lo que no somos. Sean familiares o no, lo que importa es darse cuenta de que una cosa es ser buena persona, y otra muy distinta ser idiota dejándote contaminar por personas que, para colmo, no están dispuestas a mover un dedo por resolver sus problemas. El tiempo, como bien dices, es demasiado precioso como para perderlo con gente así.

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