El perro y el gato

Cuando no teníamos televisión de pago, TDT, ordenadores, Internet, teléfonos móviles, videoconsolas alámbricas e inalámbricas, iPODs, etc., disfrutábamos de más tiempo libre para jugar con nuestras mascotas y sacarlas de paseo. Ahora, con la excusa de la vida moderna, las hemos ido arrinconando, hasta el punto de que son ellas quienes nos mandan a paseo o, para ser exactos, al último paseo. Mientras nos alejamos en la nave que nunca ha de tornar, ellas se quedan en tierra diciéndonos adiós con la patita. Y eso por no hacernos un corte de mangas, que aunque no hayan leído a Machado son más educadas que nosotros.

En los últimos días, hemos sabido que un perro y un gato están haciendo furor entre los herederos de los enfermos terminales en dos asilos estadounidenses. Estas dos mascotas de sendos geriátricos del citado país, cuentan con la dudosa virtud de que donde ponen el ojo, horas después ponen el fiambre. Aquí ya avisamos en un artículo anterior de que las mulas trazan las carreteras mejor que los ingenieros de obras públicas. Ahora también sabemos que hay perros y gatos que nos avisan con mejor precisión que los médicos cuando hay que ir pidiendo una de extremaunciones. Seguramente al doctor House le encantaría la displicente sinceridad de estos animales, esperando sentados a la vera de quien va a palmar. Seguramente intentaría enseñarles a firmar certificados de defunción. Hay letras de médicos mucho peores.

Yo, que soy de natural hipocondríaco como otros lo son de Valladolid, saldría corriendo a hacerme el seguro de los muertos, que diría mi abuela, si se sentase uno de esos animales en mi regazo. Pero está por ver cuánto van a durar esas dos mascotas en sus respectivos geriátricos. No me extrañaría que entre los internos más vivos le tendiesen una emboscada directa a la cazuela al gato Óscar, pues así se llama el siniestro minino. Seguro que para muchos de los próximos difuntos sería un conejo delicioso. Al menos con tan culinario destino aprenderías, lindo gatito, que chivarse siempre estuvo muy feo, especialmente si es para soplarte que la vas a palmar en pocas horas. Ya hay que tener mala sombra.

Si ZP se llevase bien con Bush, podría conceder un visado especial para enviarle al gato Óscar algunos cientos de los trescientos millones de topillos que asolan los campos castellano-leoneses. De esa forma tendría con qué entretenerse la criatura, en vez de dedicarse a acojonar a los abuelos de su asilo. En este convulso siglo XXI, los perros y los gatos han pasado de ser mascotas para que jueguen los niños y los paseen los padres, a poner fecha a las esquelas de los abuelos. Es el nuevo y funerario concepto de animales familiares. Aunque mí me gustaban más cuando sólo se dedicaban a hacer travesuras para el Youtube.

Un comentario

  • Anonymous

    La falta de noticias relevantes en la época estival hace que salten a la palestra casos insólitos y pantagruélicos como el caso de estas dos mascotas. En este asunto, nunca se podrá evitar el instinto natural y premonitorio que todos los animales tienen y del cual nosotros, los humanos, también poseemos una buena dosis aunque la tengamos relegada al cuarto de las escobas. Así nos va. TANA

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