El sentido de la vida, por Claudio Naranjo

Claudio Naranjo es un psiquiatra chileno de fama mundial, especialista en eneagrama, psicología transpersonal y gestalt. Sé que estas últimas palabras han sonado muy raras, pero seguramente las que vienen a continuación os serán más familiares, porque resonarán con fuerza en vuestro interior.

  • “Es muy normal no encontrar el sentido de la vida si uno ha sido muy condicionado por un mundo en el que, entre los valores reconocidos,  no está lo único que puede darle sentido a la vida: la realización de nuestro potencial.”
  • “En primer lugar hay que buscar, hay que honrar el espíritu de la búsqueda porque es intrínseco a la naturaleza humana.”
  • “Estamos en la vida para ser nosotros mismos, y ser nosotros mismos es crecer, progresar hacia una libertad más allá de la conciencia de su policía interior. Hay que liberarse del policía interior, porque si uno va a ser una buena persona no será a costa de vigilancia policial.”
  • “Somos como plantas que están destinadas a florecer, y no sólo a florecer sino incluso a dar fruto. Mientras no hay transformación, los organismos humanos son como plantas que no llegan nunca a la floración.”
  • “Devoción, amor al prójimo, libertad de nuestros deseos… yo creo que ése es un programa que las personas podrían asumir por salud mental, por cuidarse a sí mismas.”

2 comentarios

  • Mayte

    Totalmente de acuerdo con los puntos que expones de Claudio Naranjo, especialmente con el primero. ¿Cómo le vamos a encontrar sentido a la vida si, en la mayoría de los casos, no nos dejan que examinemos cuál es realmente nuestro potencial? Si nos dejasen ser como somos en realidad, y no nos abocasen a aborregarnos como así lo indica la sociedad, habría más gente feliz.

  • A don Claudio le florece hasta el apellido. ¡Je,je,je! No, en serio, sus enseñanzas son de las que hay que tener presentes, porque si hay algo que me apena de veras en la vida es saber de gente con potencial y con talento que jamás ha tenido su oportunidad para demostrar cuánto vale y todo lo que tiene por ofrecer. Y es triste, porque no podemos permitirnos el lujo de andar desperdiciando un bien tan escaso como el talento, un fruto de bellísima floración que hay que recolectar con mimo y dedicación.

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