Feliz cumpleaños

Hoy cumplen seis años Rebeca, Philip, Mohamed, Irene, Ralph, Ibrahim, Yoshiro, Claudia, Walter y Linda. Y como ellos miles de niños que vinieron al mundo en esta misma fecha, una más del calendario humano del horror. Ninguno puede ya jugar tranquilamente en la calle, independientemente de donde vivan. Si nacen en el lado del mundo de los buenos, porque de cualquier esquina puede irrumpir el Wally barbudo y sin rayas rojas que tiene más vídeos que el Youtube. Y si lo hacen en el de los malos, porque el fuego amigo o enemigo puede acabar convirtiéndolo en un daño colateral más. La gran lacra de la humanidad ya no es el hambre o la enfermedad sino el terrorismo, aunque la captura de Ben Laden no ayude a pagar los gastos del dentista de los niños.

Hace seis años que unos iluminados occidentales pusieron en marcha un plan para convertirnos definitivamente en sus esclavos. Los nuevos padres de hoy, en su niñez de los ochenta, ya fueron advertidos del peligro actual en la película futurista Blade Runner. “Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo”. Hemos dejado de ser esos arrojados niños que se disparaban rayos láser apuntando con el dedo, para convertirnos en adultos paralizados por el dedo acusador de cualquier tarado en el poder. Mesías patrocinadores de guerras en las que millones de niños del bando pobre del mundo sólo sirven para ganar el Pulitzer. Niños de brazos quemados que sostienen un peluche y que sonríen a la cámara por el mero hecho de saberse aún vivos.

Afortunadamente vuelve Gran Hermano para seguir alienando a los auténticos grandes hermanos, nosotros mismos, millones de concursantes en un plató infinitamente mayor que el del frenopático de Guadalix de la Sierra. Así nos van acostumbrando a la fiscalización de todos nuestros movimientos, desde los bancarios a los peristálticos. Lo que hoy hacen los satélites es lo que siempre hizo la Iglesia. La Santa Madre también se dedicó con la catequesis a corromper la bendita inocencia infantil, traficando con conceptos tan nefastos como el pecado o el infierno: así nació el sentimiento de culpa. Es lo mismo que ahora hace la OTAN dirigida por el iluminado de Texas, pero la Iglesia manipulando al de Belén. Necesitamos un mundo en que los niños vivan en libertad, sí, pero eso significa dignamente, sin miedos ni fantasmas que les despojen a ellos y a nosotros del paraíso que trajeron al nacer. Sólo si despertamos de esta colosal pesadilla del miedo, lograremos que sus próximos cumpleaños puedan ser más felices. Ellos se lo merecen, y nosotros también.

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