Gordas y feas

En esta sociedad de locos en que vivimos, una de las nuevas enfermedades mentales que está causando la muerte de millones de mujeres en todo el mundo es la anorexia: uno de los trastornos más graves del siglo XXI y cuyas cifras desgraciadamente no paran de crecer. Nos han desmadrado tanto con la búsqueda de la eterna juventud, que parece que envejecer fuese un pecado mortal, cuando sólo es cierto lo segundo, y sólo para quienes que no han leído a Platón. Vivimos en la era de la efebocracia, donde cualquier niñato pijo con masters USA arrincona a profesionales que llevan muchos años en su empresa. Además, en los medios de comunicación no dejan de bombardearnos para que compremos compulsivamente cremas antiarrugas, geles, aparatos de gimnasia, productos dietéticos, crecepelos, etc. y así evitar que caigamos en una justificada depresión por lo gordos y feos que somos. Se ha impuesto lo que ahora se denomina “la cultura de la imagen”, o “todo por fuera, nada por dentro”. No es otra cosa que la dictadura de un modo de vida en el que no importa lo que eres, sino lo que aparentas. Y no te preocupes por convertirte en un espejismo de ser humano, pues es lo que se estila.

A lo ya citado habría que añadir un hecho que resulta demencial, en el estricto sentido de la palabra. Me refiero a la moda impuesta por los diseñadores de alta costura, de desfilar con mujeres que más parecen un tratado de anatomía andante que modelos de pasarela. Estos gurús del dedal son los culpables, por ejemplo, de que un verano no haya forma de comprarse una prenda azul, porque a ellos se les ha puesto en sus laureadas cabezadas. Pero eso es lo de menos. Lo peor son las consecuencias que en mi opinión se derivan de su condición sexual. Ojo, antes de que te me subleves, quiero aclararlo porque no es homofobia. Mi teoría es que, debido a que un porcentaje elevadísimo de estos diseñadores son homosexuales, están imponiendo un canon femenino de belleza absolutamente masculinizado. Si te detienes a pensarlo verás que es muy lógico, pues en realidad les gustan los maromos. Conclusión: modelos andróginas, ambiguas y, por tanto, sin curvas. Los desfiles han acabado convirtiéndose en un tétrico espectáculo de anorexia sobre la pasarela y fundas de porcelana entre el público.

Y otro dato demoledor para el bote: la inmensa mayoría de las anoréxicas son mujeres occidentales, de nivel sociocultural medio-alto. Toma del frasco, carrasco. Es decir, que es un mal endémico internacional pero que apenas se sufre entre la población menos favorecida del planeta. La razón, a mi juicio evidente, es que las personas que no tienen sus necesidades básicas cubiertas, difícilmente van a dedicarse a mirarse al espejo para ver si se parecen a Elle MacPherson. Y es que hemos permitido que el consumismo neoliberal nos obsesione hasta tal punto con el culto al cuerpo, que si los adultos hemos caído en esta trampa tan perniciosa, cómo no lo van a hacer los y sobre todo las adolescentes, que están todavía sin madurar física y mentalmente.

Por eso tú, que me estás leyendo ahora y que en el fondo estás harta de batidos milagrosos y dietas suicidas que cambian peligrosamente tu metabolismo, disfruta del milagro de la vida. Tengas la talla o la edad que sea. No te preocupes por no parecerte a ninguna modelo, pues lo más importante de todo ser humano es su interior. Desde aquí reivindico las mal llamadas tallas grandes, pues para muchos hombres siempre resultará más atractiva una mujer con curvas que un saco de huesos. Así que mírate al espejo y descubre lo sexy que eres, aunque en las revistas de tu peluquería no aparezcan mujeres como tú. ¿Y sabes por qué? Pues porque tú vales demasiado para aparecer entre esas mujeres de plástico que rellenan de silicona el papel couché. Por favor, boicotea también a aquellas tiendas que no tengan ropa de la talla 50, da igual que sea la tuya o no, así como a aquellas personas que justifiquen toda esta demencia, pues la gente así no te merece la pena. ¿O acaso crees que tendría algún sentido que los que calzamos todo un 44 tuviésemos que andar descalzos? Pues eso.

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8 comentarios

  • Anonymous

    Totalmente a favor de lo dicho en su articulo. Ya vale de obsesiones por delgadeces imposibles y del mercantilismo y negocio creado en torno a ello. Como prueba, las muertes de numerosas chiquillas y las que no lo son tanto a manos de inexistentes dietas, porque lo único que se llevan a la boca es agua para no deshidratarse. Pero eso sí, se convierten en las más bellas del cementerio. TANA

  • Anonymous

    Y lo malo es que si uno esta gordo lo miran por encima del hombro.

  • Anonymous

    A mi las pibitas me gustan con chicha. Las flacuchas no son lo mio, parecen cadaveres andantes. Dicen que a los jovenes nos gustan delgadas, pero no todos somos iguales, digo yo – Pirulo15

  • Anonymous

    Quizá van a reventar las pasarelas de moda con la guerra a las super delgadas, porque en Paris parece ser que ya se están oponiendo a las medidas adoptadas en España. Ya veremos qué pasa. Saludos,

  • Anonymous

    Yo soy homosexual… y me gustan los hombres gorditos y de pelo en pecho… hay que informarse mejor… chato!

  • Anonymous

    Yo soy gorda y a mucha honra. Mi peso sobrepasa en mucho lo que dicen que es correcto, pero me da igual. Soy feliz y a mi hombre le gusto así. Más vale un gusto que cien panderos …

  • Anonymous

    Mi esposa es oronda y fornida, pero idolatro sus curvas, su piel tersa y sus senos plenos, generosos y turgentes. ¿Acaso existe mayor muestra de belleza? Para mí, en absoluto. El estereotipo y cánones de belleza actuales caerán en desuso como cayó la manzana de Newton, porque van contra la ley de la estética y la salud pero, por encima de todo, de lo carnal, lo deseable y lo placentero. Profesor Sibelius

  • Anonymous

    Creo que tienes toda la razon ya que a las personas gordas ya no se nos considera como gente simo que como una peste y en realidad nosotros valemos mucho mas que eso palos que desfilan

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