Hermano mayor

caretasLa expresión ‘Hermano mayor’ se ha popularizado en los últimos años por un programa de televisión. En él, un adulto que fue un bala perdida durante sus años mozos, intenta ayudar a adolescentes problemáticos. Por lo general son críos maleducados y, en muchas ocasiones, procedentes de hogares ‘desestructurados’, como eufemísticamente se les denomina ahora. Antiguamente se les llamaba ‘familias que se llevan a matar’, como casi todas, pero el euro nos ha refinado. Tener hermanos es algo bueno, porque te ayuda a no verte como el ombligo de la casa, a compartir y a preocuparte por alguien que sientes muy cercano. Desgraciadamente, las circunstancias de la vida a menudo provocan que los hermanos, mayores y pequeños, acaben cada uno por su lado. Eso sí, de una manera un poco más civilizada que en el citado programa de televisión.

Se supone que el hermano mayor tiene que dar ejemplo al menor, pero ser siempre modélico resulta una quimera. Tú y yo somos un dechado de imperfecciones, y a lo máximo que podemos aspirar es a no herir demasiado a los demás. Si vas por la vida intentando no dañar, ya llevas mucho ganado. Sin embargo, en ocasiones se abren heridas que inicialmente no se ven, porque van sangrando lentamente por dentro, y acaban siendo imposibles de restañar. Es verdad que somos almas individuales, y que cada cual ha de recorrer su propio camino. Pero también lo es que todos viajamos en el mismo barco, aunque nuestro ego pretenda siempre convencernos de todo lo contrario.

Dicen que las mentiras tienen las patas muy cortas, y como la inmensa mayoría de frases populares, ésta también resulta certera. Los años y la vida nos van distanciando de personas que un día fueron importantes para nosotros, y a las que hoy ya no reconocemos. Ser adulto quizá implique acorazarse, como si el mundo entero fuese el escenario de ‘Juego de tronos’. Pero no deja de ser triste la opacidad que te aleja, irremisiblemente, de quienes un día fueron tuyos y ya no lo son. El maestro Joan Manuel Serrat afirma que “el problema de la verdad no es que sea triste, sino que no tiene remedio”. Por eso lo mejor es aceptar que las cosas se acaban. Todo tiene un principio, todo tiene un final, y el espectáculo de la vida siempre debe continuar. Yo intento ser feliz siendo como soy, con mis múltiples defectos,  y a los demás os deseo lo mismo. Pero tened presente una cosa: no existe sensación más gélida que abrazar una coraza.

4 comentarios

  • Domingo

    Crecer es un ejercicio de humildad, o al menos así lo entiendo yo. Crecemos porque patinamos, porque somos falibles. Todas nuestras destrezas y habilidades son adquiridas. Al mundo venimos desnudos y, con suerte, nos vamos de él con alguna certeza que otra, pero poca cosa en cualquier caso. No nos da tiempo más que a ser aprendices, lo cual a mí me parece estremecedoramente hermoso. Y sí, decididamente hay que abrazarse más.

    • Fernando Solera

      Sólo puedo suscribir tus palabras, Domingo. Somos aprendices y no nos da para mucho más. Lo único que nos llevamos es lo poco o mucho que aprendamos y el amor que compartamos.

      Un abrazo fuerte, amigo.

  • Familias desestructuradas, el carácter, la sociedad… son muchos matices. En igualdad de condiciones unos salen bien y otros salen mal… Es un tema muy complejo.

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