Homilía sobre la moral en la familia

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos:

A menudo pedimos a Dios. Le imploramos dándonos golpes en el pecho para que nos ayude y nos libre de todo mal. ¿Pero tenemos nosotros voluntad sincera de mejorar, de reparar nuestros pecados, o esperamos que todo nos venga caído del cielo a cambio de unas plegarias? Quienes se han dejado llevar por la envidia, la soberbia o la mezquindad, ¿de qué les sirve rezar rosarios o escuchar la santa misa, si tienen el corazón de piedra? ¿Creemos que nuestras oraciones cristianas van a alguna parte si somos incapaces de amar a quienes sufren, también por nuestra culpa?

En las familias ha habido y habrá favoritismos. Y siempre habrá quienes hallen mil excusas para justificarlos, por ejemplo usando torticeramente a un chivo expiatorio. Queridos hermanos: nosotros también tenemos que asumir la responsabilidad moral de nuestros actos. Si a un familiar tuyo le abandonásteis y humillásteis, llegando a echarlo de vuestra propia casa, no es de buen cristiano negarse ahora a reparar el daño que se le infligió. Es cierto que en las familias puede haber miembros que causen estragos, pero eso no justifica que mires hacia otro lado y desprecies a la víctima. ¿Piensas seguir ignorando el sufrimiento ajeno, incluso de la sangre de tu sangre? Tened presente que los fariseos pueden engañarse a sí mismos, pueden engañar a otros, pero jamás engañarán al Padre.

Decía Jesucristo que la verdad nos hará libres. Pues bien, la mayor de las verdades es que el reino de Dios es el reino del amor. Pero a ese reino no se accede con palabras huecas o musitando letanías. La llave que abre todas sus puertas es la del corazón, pero la de un corazón puro, honesto y piadoso. No os preocupéis tanto de vuestra moral pública, pues será por vuestros actos privados por los que seréis juzgados, y recibiréis todo aquello que habéis sembrado. Si plantásteis y abonásteis secretamente la semilla del desprecio contra miembros de vuestra familia, no esperéis cosechar felicidad alguna. De nada os servirá rezar y culpar a San Pedro para ocultar vuestra propia oscuridad. Tanto dolor causa quien daña a una víctima como quien opta por mirar hacia otro lado con un corazón de piedra. Dios es verdad, amor y misericordia. Benditos quienes entienden lo que aquí acabo de contar y lo aplican honestamente en sus vidas, mientras que el resto puede continuar con su patética farsa. Poco pueden hacer ya por sus turbias almas de inconfesables pecados.

Que nadie salga a comulgar porque de tanto repartir hostias se me han acabado. Podéis ir en paz, hijos míos. Que tengáis un feliz descanso.

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4 Comments on "Homilía sobre la moral en la familia"

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