Internet o la red de arrastre

frUn amigo mío, tan excelente psicólogo como persona, me contó que un conocido suyo aseguraba emplear ‘la red de arrastre’ con el género femenino. Debido a mi ignorancia acerca de términos marineros, me explicó que la red de arrastre es un método no selectivo, que captura muchas especies que no son el objetivo de la pesca. Posteriormente las descartadas acaban siendo arrojadas nuevamente al mar, eso sí, moribundas, tras haber sufrido innecesariamente un daño en muchos casos irreparable. Que este sistema de pesca resulta agresivo, no cabe ninguna duda, como tampoco que revela mucho y malo de quienes utilizan esta misma técnica con otros seres humanos. Internet es como un gigantesco océano en el que tan pronto puedes encontrar simpáticos pececillos como peces mucho más aviesos, que invisibilizan su verdadera naturaleza mezclándose con el paisaje marino de la red. Navegar por internet es hipnótico e incluso insomne, pero al igual que en las aguas oceánicas, en las cibernéticas hay que estar bien avisado, pues al menor descuido puedes ser víctima de una tempestad que anegue tu corazón solitario.

Internet a mí me ha servido para conocer gente maravillosa. Sin embargo, la red virtual que nos une, también es el ecosistema ideal para hombres y mujeres de toda calaña. Si en la vida real las citadas especies humanas de por sí carecen de escrúpulos para utilizar a otro como si fuese un pedazo de carne sin sentimientos, cuando estas personas se mueven por la red, ya se sienten directamente como tiburón en el agua. A menudo se disfrazan de pescados ejemplares, pero si te sumerges con gafas de bucear (graduadas en mi caso) y no te dejas embaucar por romanticismos de garrafón, acabas descubriendo que son auténticos depredadores. No les importa jugar con la vida de los demás, para después dejarlos tirados en alta mar, y a por la próxima presa. Total, “el mar está llenos de peces”, pensarán. Y de mujeres y hombres hijoputas, añado yo. Creo que existe un pez llamado japuta, aunque seguramente será más noble e íntegro que los humanos casi homónimos, que escupen pececillos como huesos de aceituna. A ver si un día puedo hablar con una japuta para confirmar mi teoría.

No puedo terminar sin hacer hincapié en el peligro que tiene este mar para los niños. Su inconsciencia les hace especialmente vulnerables a los peces humanos que ven la vida sólo como un medio para satisfacer sus egocéntricas necesidades. Como tampoco quiero olvidar que, de una u otra manera, todos somos niños grandes (algunos grandes y gordos) y que cualquier lobo puede disfrazarse de Caperucita. Si queréis nadar, hacedlo cerca de la costa, porque si optáis por sumergiros mar adentro, ningún socorrista os va a poder salvar de las especies más temibles. El mismo amiguete psicólogo del que hablé al principio acerca de la red de arrastre, me hizo entender que uno tampoco debe ir por la vida persiguiendo gusanos que te lancen como anzuelos. Es una estupidez entregar el alma al primer pez que pase por vuestro lado, pues demasiados de ellos hace tiempo que vendieron la suya al diablo, y no tienen reparo alguno en arrasar todo lo que pillen por su camino. Abrid los ojos, como un besugo si hace falta, para que no os tomen por tales, ya que en el océano virtual no siempre los finales son tan felices como en ‘Pretty Woman’ o ‘Buscando a Nemo’.

12 comentarios

  • Domingo

    Yo en doce años que llevo surcando las procelosas aguas de Internet he tenido la fortuna de dar con gente de altura y de valía incontestable, salvo insignificantes excepciones. Pero no porque haya más bueno que malo, que tampoco voy a hilar aquí un discurso happy-flower-zen en el que no creo, si no porque he tenido el suficiente sentido común y las cautelas adecuadas como para evitarme disgustos y sinsabores innecesarios. En Internet, como en todas las facetas de la vida, uno mismo ha de ser su mejor antivirus. Primero sentido común, luego sentido común y de postre más sentido común. Que se dice pronto.

    • Fernando Solera

      Tienes toda la razón, Domingo. Pero mucho ojo, que también hay auténticos profesionales del engaño, que encuentran en internet el ecosistema ideal para jugar con la gente. Sigue con esa sensatez. No te irá del todo mal 😉

      Un abrazo.

  • julio

    Me ha gustado. Un saludo Fernando

  • Bernardo

    Estos días leyendo a Maquiavelo, con sus frases célebres, me gustaron varias que algo tienen que ver con el fondo de tus reflexiones.

    Los hombres son tan simples, y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes, que quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar.

    En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.

    Internet me causa mucho respeto,tengo una chica adolescente y otro a punto de serlo,estar al día con este mundo es casi imposible,la velocidad de cambio me da vértigo.

    Un saludo.

    • Fernando Solera

      “Quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar”. Lo has clavado, Bernardo. Un frase célebre dice: “Si me engañas una vez, la culpa es tuya; si me engañas dos veces, la culpa es mía.”

      Un saludo.

  • Yo creo, Fernando, que en Internet cada uno encuentra lo que busca. Si lo tuyo es el ligue, ligarás. Y si son los deportes de “aventura”, pues también. Es como el el que sale de noche buscando emociones fuertes sin saber muy bien qué. Se guro que las encuentra…pero nadie le va a firmar un contrato diciendo si va a terminar en casa o sabe dios dónde.

    El problema son los chavales. No es solo que puedan caer en una de esas redes de arrastre. Es la mala leche que muchas veces se gastan algun@s para herir a sus compis hasta el punto que en ocasiones leemos en los diarios:Estamos viendo casos de suicidio o intentos de suicidio que no se deben a religiosos degenerados o depredadores sexagenarios sino a ese intento de marcar territorio y reforzar el liderazgo en un determinado grupo.

    PD. Muy europeístas tus “entradas relacionadas”. Me gustan!

  • Poco más que añadir a tus palabras, estimado Fernando. Internet es algo que no debe tratarse a la ligera. Es un océano de posibilidades pero, a su vez, puede convertirse en una trampa. Es una “realidad” que no llega a ser real pero que puede llegar a acarrear consecuancias de índole diversa en nuestra vida real. Es un “lugar” en el que podemos encontrar aportaciones más o menos anónimas de personas que tan sólo pretenden crear y compartir información libremente, pero también es hábitat del insulto, la descalificación, la reproducción del etiquetismo y la estigmatización social.

    Mi experiencia en las redes sociales (bajo perfil falso, óbviamente, dado que para mí lo importante es la coherencia en el discurso en relación a cómo uno piensa) se reduce a poco más de un año, hasta el momento en el que puse toda la información que había recopilado encima de la mesa (a base de aciertos y equivocaciones en el mismo uso de la “redes sociales” tal como pretendía utilizarlas: para enriquecer el conocimiento) y decidí eliminar la cuenta que había creado un año y medio antes. Pude comprobar cómo la mayoría de personas que participaban en el foro donde yo lo hacía, escribían en otros foros, reproduciendo intencionalidades distintas en sus mensajes en función de la persona o grupos de personas a los que se dirigían. Me sorprendió mucho, entonces, esta actitud inmadura del juego por el juego, este mostrarse de una manera con unos, de otra con otros… y me alejé de estas plataformas de ocio en las que tanta gente no pretende más que encontrar información de las demás personas, sin un objetivo claro. Tengo que confesarte que hubo algún que otro amigo íntimo que me recomendó abandonar las mal llamadas “redes sociales” aludiendo que, aun sin yo pretenderlo, mi nivel de desarrollo intelectual (fuera el que fuera, que no tengo ni idea) podía convertirme en un tiburón de la red (quizás bueno, pero tiburón al fin y al cabo). Desde entonces que me limito a publicar de vez en cuando en el blog inicial que abrí en diciembre del 2006 con el objetivo de contar todo aquello que quisiera o tuviera tiempo de contar. Te puedo bien asegurar, Fernando, que no arrepiento en absoluto de la decisión tomada entonces en el sentido de huir de las “redes sociales” como de la peste.

    Yo también he tenido el gusto de conocer a personas que merecen mucho la pena gracias a internet, aunque tengo que reconocer que soy un clásico de cojones y me declaro un acérrimo defensor de las relaciones analógicas, en detrimento de las digitales, siendo, sin embargo, consciente del papel que juega la red en el establecimiento de situaciones comunicativas entre ciudadanos de alrededor del globo, tipos de relaciones que en muchos casos no serían posibles más allá de la pantalla de un monitor.

    Aprovecho, en este sentido, para provocarte un poco, exhortándote a convocar, algún día y en algún lugar, a todos los fernandosoleradictos 😉 que tengan curiosidad por conocer quién este tipo interesante de carne y huesos, llamado Fernando Solera. ¿Qué? ¿Cómo la lío, no? 🙂

    Salut!

    • Fernando Solera

      Tu sesuso análisis da para mucho, Samuel. Es cierto que en internet y en las redes sociales se puede encontrar de todo. La red es el terreno idóneo para la gente manipuladora y falsa, que te la quiera liar. Yo llevo muchos años en internet y pude comprobar que, si la gente ya es falsa en la vida ‘real’, por internet ya ni te cuento. Por eso hay que ser prudente. Yo me siento cómodo porque también me ha servido para conocer gente maravillosa, e incluso personas que llegan a formar parte de tu vida de una manera que jamás podías imaginar.

      En cuanto a conocerme en persona no tengo ningún problema, aunque en vivo y en directo pierdo más todavía jajajajajajaja

      Un abrazo, Samuel 😉

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