Juan Luis Galiardo

Nunca tuve el gusto de saludarlo, de compartir con él unas palabras. Lo máximo que logré fue cruzármelo una noche de sábado junto a la madrileña glorieta de Cuatro Caminos. Quizá por sincronicidades de la vida, sólo un rato antes de este fortuito encuentro yo había estado hablando con mi mujer de este ser humano al que tanto admiraba. Y admiro. Del actor poco hay que decir. En su primera etapa interpretó infumables papeles de galán con más presencia que talento. En su segunda etapa, tras superar una feroz depresión que le llevó a plantearse su continuidad en este plano, nos brindó lo mejor de sí mismo, quizá precisamente porque aprendió a reírse de sí mismo, desprendiéndose de su trasnochada identidad de guaperas. En el fondo, como todos, Juan Luis Galiardo sólo buscaba sentirse querido, para así poder restañar las heridas de su temprana orfandad. Y lo consiguió.

Galiardo abandona este mundo tras legarnos su corajudo testimonio vital. Un don Juan que se hundió en el infierno y del que logró salir, chuscarrado, eso sí, pero en pie, y con ganas de contar a voz en grito que le gustaba vivir. Sólo quienes han sufrido la cara más amarga de la vida, la de la depresión, y han sabido superarla, pueden transmitir tanta euforia existencial. Porque a pesar de sus altibajos, manifestados por él en múltiples entrevistas, se empeñaba en compartir humor y desenfado. Resulta paradójico que quien por culpa de la depresión llegó a sentirse muerto en vida, lograra salir de ella y marcarse un objetivo que ha cumplido con creces: invitarnos a vivir.

A todos aquellos que estén sufriendo una depresión, lo único que se me ocurre es sugerirles que busquen vídeos en internet con entrevistas a este actor. Aunque muchos puedan pensar que sus palabras eran las reflexiones de un gamberro, que nadie se confunda. El dolor es siempre el mayor maestro y, por tanto, de quien más se puede aprender es de la gente que más ha sufrido.  Yo suelo desconfiar de quienes revisten siempre sus reflexiones con un halo de solemnidad, para otorgar a sus pensamientos una profundidad de la que carecen. Yo prefiero a un gamberro, a un bufón, a los hombres  como Galiardo, que en una entrevista radiofónica justificó su ausencia en el estudio aduciendo que esa misma noche había sufrido una cagalera y estaba en cama. Porque la gente de verdad, la que realmente merece la pena, tiene cagalera de vez en cuando, y almorranas, y hasta pensamientos impuros con la vecina. Y no pasa nada. Todos somos seres humanos repletos de defectos, y lo mejor que podemos hacer es reírnos de ellos,  como nos enseñó Juan Luis Galiardo. Hasta siempre, maestro.

19 comentarios

  • Que me conste, igual que yo, en España, solo se llama, mi padre, mi hijo,…y su hermano
    Solo por esto merece mi reconocimiento…

  • Aún estoy un poco que no me lo creo. La muerte de Galiardo me pilló mirando hacia otro lado, pues ni siquiera sabía que estaba ingresado. Es muy triste, porque ni por edad ni por cómo era él, un gigante bueno y afable, merecía morir. Aún retengo con cariño en la memoria su reciente intervención televisiva en que, junto con Juanjo Puigcorbé (otro señor con mayúsculas), hablaba con gracejo y desparpajo de sus deposiciones, de su textura, color y consistencia. Y en su boca sonaba todo elegante, señorial. Le voy a echar de menos. Todavía nos hacía mucha falta, no cabe duda.

  • Era un gran actor, y siento su muerte, pero siempre lo recordaremos, porque gente como él nunca muere.

    Un gran mal, el de la depresión, y en estos tiempos de crisis, se está multiplicando

    Un beso.

    • Fernando Solera

      En eso precisamente he querido hacer hincapié, en la depresión que padeció durante muchos años y que supo superar de manera ejemplar, María.

      Un beso.

  • emilio

    Tengo que decir que no sigo MUY de cerca el cine español -mea culpa- ni la trayectoria de Galiardo -mea culpa-. Quizás cuando uno puede darse cuenta de la dimensión de alguien -como persona y como actor- es cuando muere. Estos días estoy siguiendo con interés las necrológicas sobre Galiardo y la verdad es que su perfil se agiganta.
    A mí, Fernando, me pasó algo parecido a lo que tú cuentas al comiezo: no he hablado nunca con él, pero sí lo he tenido sentado justo en la mesa de al lado, tan cerca que si hubiera tenido interés hubiera escuchado la conversación que mantenía con su interlocutor -estaban los 2 solos-. Era una noche de verano en una pizzería de puerto banús. Se hizo un poco tarde y al final solo quedabamos en la terraza los de su mesa y la nuestra. De vez en cuando me llegaba alguna frase pronunciada un poco más alta. Tenía la impresión de que estas dos personas se estaban contando su vida y me esforzaba por no seguirla. Solo recuerdo que al final de la cena Galiardo pidió tiramisú de postre. Y no debía estar muy malo -o galiardo debía ser algo glotón- porque después se pidió otro…

  • Se nos va una persona muy entrañable, sencilla, afable, de fácil trato, con sus altibajos emocionales, como todos. Una gran pérdida, sin lugar a dudas. Descanse… en paz o como le salga de los cojones.

  • fus

    Tienes razòn Fernando hubo dos Juan Luis Galiardo, uno en pelìculas de guaperas y otro donde demostrò el artista que era. Descanse en Paz.

    un fuerte saludo

    fus

  • Esilleviana

    Sin duda, la vida y superación de este formidable actor representa un modelo a seguir. Superar una depresión, un período tan oscuro e inexplicable simboliza fortaleza y temperamento.
    Me gustó esta lectura.

    Un saludo

  • PiliMPilar

    Está visto que el desfile hacia otras esferas singulares nos pilla a todos. Cuando quien se nos va de improviso, como J.L.Galiardo, nos caen las despedidas como mazazos.
    ¡Tan especial, Juan Luis! ¡Tan íntegro!
    Otros firmamentos lo protejan allá donde las estrellas también pierden fulgor.
    (Me gusta tu blog. No sé cómo hacerme seguidora)
    Saludos

  • Pensaba que tenías algún post nuevo referente a las nuevas medidas que impondrá el Gobierno dentro de poco y que he leído por la prensa en internet, pero que tú siempre explicas tan bien, y me gusta venir a leer lo que opinas, pero no, nada tienes.

    Un beso.

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