La crisis del vecino

En estos turbulentos tiempos que nos ha tocado vivir, no deja de sorprenderme la actitud de muchos de mis semejantes. Inasequibles al desaliento, pese a la cascada de noticias deprimentes que arrecian, optan por el desdén como toda respuesta al histórico momento en que nos hallamos. Si conservan su empleo y pueden seguir comprando caprichos que en verdad no necesitan, se manifiestan indiferentes al descalabro del que algunos aguafiestas les solemos hablar. Mientras a ellos les vaya bien no hay crisis que valga, aunque su vecino se haya quedado en paro y el tendero de la esquina traspase su local. Su visión del mundo se limita a la pelusa de su ombligo o, en el mejor de los casos, a la de sus seres queridos. ¿Será inconsciencia, ignorancia o simplemente egoísmo lo que motive esa actitud?.

Para responder a esta cuestión habría que acudir a la peculiar idiosincrasia del pueblo español. Cuando se trata de acontecimientos lúdicos en general y deportivos en particular, nos unimos como un solo hombre. Los goles, la fiesta y el arriquitraun nos privan más que nada que en el mundo. Sentirnos masa concelebrante, desde la Semana Santa a los carnavales, desde los Sanfermines a las campanadas, es algo tan especial que no podemos explicarlo con palabras. Sin embargo, ese sentimiento de hermandad se desvanece tan pronto acaba la fiesta y el sol nos dice que llegó el final. Es entonces cuando vuelve a aflorar con toda su crudeza nuestro maldito individualismo. Carecemos de un elemental concepto de grupo, de colectividad, y más aún de país, salvo, como antes apunté, para las celebraciones que suelen acabar en resaca. Esto nos incapacita para comprender algo tan elemental como que mañana podemos ser nosotros el vecino que sufre hoy.

La sociedad española padece un trastorno de empatía más que preocupante, pues somos muy solidarios con los problemas del Tercer Mundo pero nos resbalan los de aquí, siempre que no nos salpiquen, claro. El día que la crisis del vecino llame a nuestra puerta, seremos los primeros en exigir movilizaciones populares, indignados porque nos hayan podido hacer eso a nosotros, con lo bien que vivíamos “defendiendo la alegría contra los cenizos“, como nos dijo Víctor Manuel, pese a que nunca pudimos cantar como su mujer ni ganar lo que Sabina. Ojalá comprendamos, antes de que sea demasiado tarde, que esta guerra va con cada uno de nosotros, también contigo, y que juntos la afrontaremos mejor que librándola por nuestra cuenta.

7 comentarios

  • El “eso jamás me pasará a mí” llevo escuchándolo muchos años y la experiencia me ha demostrado que sí que nos pasa, vaya si nos pasa. Supongo que es algo así como una película protectora que nos echamos por encima y que responde a nuestro acusado instinto de conservación o a lo que popularmente se dice: “Cada perro que se lama su cip…”. Pues eso.

    Domingo acaba de escribir Viaje al fin de la noche

  • Mayte

    Es que lo de la solidaridad y camaradería no va con el carácter del pueblo español. Aquí todo es dependiendo de cómo me vaya a mí, y a los demás que les den por retambufa. Pero ¡ojo!. Como bien dices, como me vaya mal a mí, me meto contra los sindicatos, la iglesia, el gobierno y la vecina de enfrente si se deja, por no ayudarme protestar, luchar por mi situación y ser solidarios conmigo.

    Es lo mismo de siempre; en el momento en que haya más parados que gente trabajando, se exigirá a los sindicatos que salgan a la calle representándonos – porque nosotros estaremos en casita, en nuestros sillones orejeros y viendo la tv -, y se les criticará que no lo hayan hecho antes para intentar detener o, al menos, protestar por la situación. Mientras tanto, mirándonos todos la barriga y viendo pasar la vida con la cañita y la tapa al lado. Por eso de que no se diga que no sabemos entender la vida.

  • Como reza un viejo aforismo latino, “Nunquam prandium liberum”, lo que en román paladino se traduce como “no existen los desayunos gratis”. Así no nos deben extrañar conductas egocéntricas que son inherentes a la condición humana, aunque personalmente puedan parecernos de moralidad discutible.

    Andrés Álvarez Fernández acaba de escribir Elecciones Gallegas 2009: Conozcamos más de cerca a los candidatos

  • Es una negación de la realidad,en parte por falta de empatía,en parte por que el sectarismo político les impide ver la realidad.
    En el debate en el que yo participo en COPE, aquí en Sevilla,un tertuliano cuyo hermano es un alto cargo en el Ayuntamiento socialista,me espetó sin sonrojarse,y sin que se le caiga la cara de vergüenza, que yo “me alegraba de que hubiera tres millones y medio de parados”.
    En otra tertulia,otro sujeto me soltó que él no veía la crisis por ninguna parte:los bares estaban llenos, y la marisquería a la que él iba(al lado de la sede de la Junta)estaba llena a rebosar.
    Ejemplos así te puedo poner cien.
    Sectarismo en estado puro.
    Y es que a esta caterva los parados,los que buscan en los contenedores de basura,los que hacen cola en Cáritas, les importan un comino,…..por no decir otra cosa.

    Natalia Pastor acaba de escribir No cabe un chorizo más

  • Este problema que describes, como tantos otros, tienen parte de su origen en la falta de criterio de buena parte del pueblo español. Y aún te das más cuenta cuando ves las cosas desde fuera. ¿Hay solución? Sí. Educación, cultura, querer pensar y decidir. ¿Se puede aplicar esta solución al pueblo espàñol? Hoy día no. No hay base intelectual ni moral suficiente.

    Mike acaba de escribir CADENA PERPETUA, SI

  • Cristina

    A los españoles los único que nos preocupa es que el vecino de al lado no crezca más que nosotros, somos unos envidiosos redomados que nos alegramos de las desdichas ajenas porque nuestra pobre alma no es capaz de reconocer sus propias miseras y salir de su constante complejo de inferioridad. Por lo tanto, y como es más fácil ver caer al vecino que tratar de curar nuestros complejos, mientras a nosotros nos vaya bien y sigamos comiendo caliente, a los demás que les dén, que se vayan a buscar comida como mendigos o que se laman sus heridas con pan si es que lo tienen mientras nos relamemos de gusto al verlos caer. Así somos señores, así seremos y por mucho que avance la tecnología no habrá manera de que esto cambie.

  • Educación bajo límites tercermundistas, asistencia médica totalmente desbordada, salarios que han reducido su capacidad adquisitiva, ayudados por una inmigración de personas con bajos niveles de exigencia y que ha sido aprovechada por las oligarquías para colarnos la frase “es que los españoles no quieren esos trabajos”, unos dirigentes que realmente dan vergüenza ajena y unas perspectivas de una RECESIÓN económica sin control, pensiones de jubilación que están empezando a peligrar, un paro que según cifras teóricas y aún habiendo cambiado la forma de contabilizarlo, no para de crecer, etc. etc. etc.

    Quizás es hora de despertarnos del letargo y luchar (por supuesto sin violencia, utilizando los medios que estén a nuestro alcance) por una democracia de verdad, no “esto” que tenemos ahora.

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