La depresión y la vergüenza

depresion¿Por qué tantas personas que experimentan violencia en la infancia se sienten de la misma manera? ¿Por qué provoca en muchas de ellas un comportamiento auto-destructivo, como la obesidad, o una adicción fuerte, o el suicidio?

La depresión no llega accidentalmente. La violencia familiar te arrastra a un comportamiento auto-destructivo. Te convencen de que no te mereces nada bueno, te pisotean y te conviertes en un alma en pena. Lo peor es el sentimiento que te embarga de invisibilidad, de que realmente no les importas, aunque presuman de lo contrario en el escenario de la vida. Con una familia así, lo mejor es aplicar la filosofía de “Tanta paz lleves como descanso dejas”. Como dice una amiga mía andaluza, hay que tirar la llave al mar.

 

El hecho de liberar tu vergüenza es, en sí mismo, sanador. Así que recurrí a gente en la que confiaba, y empecé a hablar de lo que me ocurrió cuando era joven. Lejos de avergonzarme y de pensar que eso demostraba que estaba roto, me mostraron amor y me ayudaron a llorar aquello por lo que pasé.

Yo sólo confié mis problemas a una persona. En su momento creyó que exageraba, que no podía ser para tanto. Ahora ya no lo cree, más vale tarde que nunca. Por vergüenza oculté a todos mis amigos y compañeros de universidad el calvario que estaba sufriendo desde los 16 años. El problema radica en que estos asuntos no los puedes compartir, porque si los confiesas se interpretan como un signo de debilidad. Como afirmó el difunto actor Antonio Gamero: “Si tienes penas no se las cuentes a nadie. Que les divierta su puta madre”.  Sólo puedes confiar en quienes realmente poseen empatía, no en los profesionales del postureo amable para ganar seguidores en las redes sociales.

 

La depresión y la ansiedad no se crean en nuestra cabeza, sino por la forma en la que nos están haciendo vivir.

La clave del problema. Se puede producir un fallo químico cerebral, sin duda, pero la causa reside en cómo te han hecho vivir. Para muchos de nosotros, seguir vivos ya es un triunfo después de todo por lo que nos han hecho pasar. Si has sido víctima de malos tratos, si has sufrido en silencio, ten presente que somos muchos quienes hemos pasado por tu situación. Yo afortunadamente perdí la vergüenza de contar las vergüenzas. A través de este blog y de las redes sociales he conocido a personas que han vivido un infierno y por eso nos ayudamos mutuamente sin hacernos daño ni persiguiendo aplausos. Gracias, amigos.

 

(Reflexiones personales inspiradas por este artículo: Se han descubierto las causas reales de la depresión, y no son las que crees)

2 comentarios

  • El otro día un amigo me decía: “Yo antes era muy espontáneo. Contaba todo lo que me pasaba a todo el mundo. Con el tiempo me he dado cuenta de que esa no era una buena actitud y ahora casi no cuento nada a nadie”. Me he acordado de mi amigo porque estaría de acuerdo con lo que dice Antonio Gamero.
    En mi opinión, la virtud está en el medio: ni puedes guardar silencio absoluto sobre tus penas, ni puedes ir por ahí “cantandolas”.
    Es difícil perder el miedo a cantar tus vergüenzas, pero en eso te doy toda la razón: hay que ir perdiéndolo.
    Un abrazo!

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