La leche

Ocurrió hace sólo unos días. Mis allegados ya me lo advirtieron, pero yo no les quise creer. Confiaba en que sólo fuesen rumores, truenos que se pierden lejanos al otro lado de las montañas mientras en estos prados todavía luce el sol. Fui el último en enterarme, como siempre: ella me era infiel con otro hombre más rico que yo. Pasé de la incredulidad a la desolación. Y lo peor es no que no puedo enfrentarme al que me la ha robado, pues los ladrones de guante blanco no dejan huellas. Supongo que le ha debido prometer un cencerro dorado y treinta días en Suiza, donde tendrá las cuentas que no paran de engordar a mi costa, ahora que le pago por ella un 20% más.

Yo siempre te fui fiel, vaquita mía. A diario encontré leche de otras vacas que intentaban flirtear conmigo, pero nunca me fui con otra. Te había cogido cariño tras varios años de un idilio lácteo ininterrumpido. No dimos ni un mal escándalo al Tomate, y nuestros allegados ya nos consideraban una pareja de hecho. Eras una más de la familia. ¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué el oro blanco que emanan tus esplendorosas ubres es hoy mucho más caro que hace una semana? Como veo que das la callada por respuesta quiero el divorcio. Espero que encuentres un empresario que te comprenda y te quiera más que nadie. Entonces yo daré la media vuelta y me iré con el sol cuando muera la tarde, como Los Panchos. Pero debes saber que me voy decepcionado contigo, en busca de otros pastos y otras ubres que se hayan vendido menos al capital. Me has traicionado con el patrono, con lo progresista que eras cuando nos conocimos cantando La Internacional, ¿recuerdas?

Pero debo enjugar mis blancas lágrimas y buscarme a otra, aunque no será fácil olvidarla. Como tampoco debería de olvidar la ley de memoria histórica a aquellas heroicas nodrizas de posguerra. Qué hubiese sido de muchas personas sin la leche de esas mujeres, que secaban sus pechos para amamantar a medio barrio y a un recluta goloso que estaba haciendo la mili en Colmenar. De esa época, incluso antes de que se apruebe la ley, ya se están recuperando las vacaciones de tortilla con moscas en el pantano, para desgracia de Viajes Marsans. Vuelven los tiempos de escaseces, a esta España que hoy paga lo mismo por un litro de leche que de gasolina. Eso sí, si nos viésemos obligados a elegir, yo preferiré tener un coche que un hijo. El plan Prever me dará quinientos euros más que el Gobierno, y además tendré la seguridad de que es mío.

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