La soberbia siempre cae de donde subió

“La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió” es una cita célebre del genial escritor español Francisco de Quevedo. La soberbia es uno de los siete pecados capitales y sin duda uno de los más perjudiciales. Al final sólo nos acarrea soledad.

Si vas por la vida ninguneando a los demás, despreciando sus opiniones o creyendo que sabes más que nadie, estarás demostrando que, además de soberbio, eres un perfecto imbécil. La juventud a veces nos hace comportarnos así y nuestro objetivo, como siempre, debería de ser pulirnos con el tiempo. Eso si no queremos perder a aquellas personas que nos pueden amar.

Como siempre, gracias por seguir ahí.

 

soberbia

4 comentarios

  • Es verdad, Fernando: Nosotros decimos “mira fulanito qué soberbio”…sin darnos cuenta de que en ocasiones nosotros también lo somos o lo hemos sido, cuando hemos ido más allá de esa “autoestima saludable”.
    Me llama la atención tu “nadie es más que nadie” porque tan solo hace unos días cierto exitoso escritor hispano y cuyas iniciales son A. P.-R. (te lo pongo fácil) venía a decir, a propósito de las elecciones, que de nada sirven las urnas si el que vota es un analfabeto.
    Si dicho analfabeto ve la tele, tal vez podría responderle que la Ley Electoral debería recoger un apartado en el que los condenados por plagio tampoco deberían votar 🙂

  • Es que el amigo Arturo, querido Emilio, también es un rato soberbio, para qué nos vamos a engañar. Reverte tendrá una cultura colosal, aunque a mi juicio no sabe rematar las novelas, pero cada cual es muy libre de votar a quien le dé la gana, hasta ahí podríamos llegar. Pero ya sabes lo que se dice en la Biblia acerca de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio.

  • Domingo

    La vida y obra de Quevedo es un glosario de las debilidades humanas, pocos como él supieron poner el foco en nuestro reverso tenebroso para denunciarlo. Yo mismo he sido soberbio y la vida me cruzó soberbios. Sólo así he sabido lo muy fantoche que pude ser en ocasiones. Reconocerse para mal en otros es un espejo muy doloroso pero también esclarecedor. Ahora, por fortuna, soy una persona que pone la oreja antes que la boca.

    • En eso debe de consistir la madurez, querido Domingo. No en vano, y si no me fallan las cuentas, en dos meses cumplirás los 33, y la vida no se ve igual que con 20 años. Me ha gustado mucho tu frase final, como casi todo lo que escribes en Madridpress.

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