La televisión

Te convencen de que su mensaje es el único verdadero. Lo que no sale por ella no existe, por eso hoy es tan importante ser famoso: es una cuestión existencial. Sólo existen y son quienes salen por ella, y no los que piensan, como dijo un equivocado filósofo mucho menos conocido que la Esteban.

Ser como los más tontos de la clase. Ser como aquellos compañeros de pupitre que sólo aprobaban gimnasia y religión, y que hoy copan las parrillas de sus programaciones, para hacerte más lerdo, tan lerdo como ellos. De ellos son las horas de máxima audiencia, dejando las after-hours para los programas divulgativos. Así nunca te cuestionarás nada. Te creerás a pies juntillas once-eses, once-emes y lo que te pongan por delante, como te hicieron creer hace cuarenta años que el hombre estuvo en la luna, aunque en el siglo XXI resulte imposible viajar hasta ella.

Precisamente es ahí donde quieren que estés, en la luna, o más lejos si cabe, en un limbo para que no te enteres de que te están explotando, de que no les importas un carajo, ni tú ni tus hijos. Te tratan como a un imbécil, pero les sigues aplaudiendo cuando dan paso a  la publicidad con que te lobotomizan, para que les sigas comprando lo que no necesitas con el dinero que ya no tienes porque ellos te lo han robado.

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Secuencia de la película Network (Un mundo implacable), de Sidney Lumet. Sobrecogedora.

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