Las colas

No hay nada como salir de fin de semana para llegar derrengado al lunes. Hay que ver lo que nos gusta salir, y si puede ser todos a la vez, mucho mejor. Nos gusta sentirnos masa. Cada viernes, cientos de miles de vehículos toman las carreteras en procesión, y todo por rebañar a la semana día y medio lejos de la gran ciudad. La rutina es siempre la misma: maletas, bolsas con comida, juguetes para el niño, juguetes para el perro y material de costura para la suegra. El domingo por la tarde, después de la reglamentaria siesta, vuelta a empezar, a veces con más bultos que en la ida. Siempre te tienes que llevar unas cajas de fruta del huerto de la prima, y algunos botes de conserva que se acaban pudriendo en la despensa, relegados a los postres por los helados, que ya hace la calor.

Pero qué sería de esa tarde de domingo sin el Carrusel Deportivo, sin esos niños reclamando atención para sus necesidades fisiológicas sin los eufemismos de los adultos. Esos inenarrables atardeceres de atascos a la altura de Motilla del Palancar, con el abuelo preguntando cada diez minutos si queda mucho para llegar. Esa madre piándolas porque van a tener que cenar albóndigas descongeladas al microondas, y todo por tu culpa, Manolo, que mira que te digo que hay que salir antes. Y ese sufrido Manolo, que sólo piensa en qué será de él ahora que se ha acabado la Liga. Pues será que tendrás que esperar un par de meses a que vuelva a rodar el balón sobre el rectángulo de juego, que dirían los originales locutores españoles. Sólo entonces podrás reactivar tu sentimiento tribal al alegrarte por las victorias y ayunar por las derrotas de once tíos para los que no existes.

Por fin llega el lunes para descansar del fin de semana, pero resulta que tienes que sacarte el pasaporte para, pongamos, irte a Túnez. Si no tuviste bastante con las retenciones cienkilométricas de la ida y la vuelta de tu fin de semana, la Administración Pública te obsequia con más. Cinco horas guardando cola a la puerta de una comisaría es algo propio de nuestra España que, como diría un profesor de mi hermano, es el país más avanzado de África. ¿Es o no es para que se detengan a sí mismos? Consuela que en este caso no te den la tabarra con campañas publicitarias de precaución, amigo conductor. Y es que esta clase de caravana se forma en la acera, por tracción animal y por tanto ecológica, sin adelantamientos peligrosos. Miento. Siempre hay algún jeta, o muchos, que hábilmente intentan adelantarte indistintamente por el interior o el exterior. Normalmente es gente que peina canas, cabelleras teñidas, o directamente no gastan peine. Y todo para conseguir un resguardo, a cambio del cual te entregarán un documento por el que, en concepto de tasas, te han cobrado 16,90 euros. Como la diesel para ir de aquí a Zaragoza, si no hay colas.

2 comentarios

  • Anonymous

    Real y auténtico como la vida misma. Tengo una casita en un pequeño villorio de la provincia en que vivo, y aunque apenas me separan setenta kilómetros de ella, es una auténtica tortura acercarte a ella en fin de semana. Todo ello a causa, por supuesto, de los domingueros entre los que me incluyo, que nos lanzamos a la carretera con nuestras mejores intenciones de descansar y nuestros más aviesos sentimientos de saltarnos a la torera todas las normativas de tráfico, para conseguir llegar a hora prudencial al destino. Es un deporte nacional lo de hacer colas para todo en este país. Y eso que todavía no nos han dado las cartillas de racionamiento.
    Profesor Sibelius

  • Anonymous

    Vivo en Madrid y odio el gentío que apabulla y aturulla toda la ciudad: en el metro, en los organismos oficiales, en teatros, cines, espectáculos, comercios, tráfico … Es auténticamente desesperante la cantidad de gente que nos hemos ido a concentrar en un sitio tan pequeño. De ahí las tremebundas colas que se arman en todo. Un total despropósito. TANA

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