Las mulas del MOPU

Para demostrar que han hecho sus deberes durante el año y justificar la pasta que nos sacan durante el mismo, los distintos organismos oficiales suelen publicar en verano diversos informes sobre asuntos de lo más variopinto. Uno de los últimos es sobre el estado (malo) de las carreteras españolas, las cuales, por mucho que se apliquen sus responsables durante el período estival, no podrán contar ni con un cinco raspado en septiembre. Estos mangas verdes nos informan de que hay muchas carreteras mal señalizadas e intersecciones en zonas peligrosas, además de pavimentos calamitosos. Por ello la DGT siempre carga toda la responsabilidad de los accidentes, lógicamente, en los costaleros hombros de los conductores.

En ocasiones, cualquier tiempo pasado sí que fue mejor, de ahí el renovado éxito de las vacaciones de los Alcántara, treinta y tantos años después. Digo esto porque hace pocos días, mientras intentaba hacerme el valiente para entrar en las gélidas aguas del Charco del Cura, en El Tiemblo (Ávila), un lugareño que debía de ser descendiente de Sócrates, aportó a mi escasa cultura un dato que tambaleó mis cimientos intelectuales. El anciano me explicó que los animales eran muy listos, y sin duda mucho más intuitivos que las personas. Esto era cierto hasta tal punto, que me aseguró que antiguamente las carreteras eran trazadas por las mulas. Me quedé tan helado como si hubiese introducido mi cuerpo serrano en las aguas del citado pantano.

Dos paisanos tembleños que también estaban presentes, corroboraron las palabras del filósofo. Parece ser que las mulas tienen un instinto especial para llegar al lugar más inaccesible, de tal forma que cuando antes se quería construir un camino a cualquier parte, bastaba con seguir a las mulas. Muchas carreteras comarcales, puertos, etc., han sido trazados así, y al parecer son inmejorables. El hombrecillo terminó su clase magistral con la siguiente reflexión: ¿para qué sirven todos los ingenieros de obras públicas que se tiran siete u ocho años estudiando, si los mejores caminos siempre los trazaron las mulas? Dicho esto, y tras haberme alumbrado con su sabiduría rural, se marchó con viento del sur y un palillo entre los dientes monte arriba, con la única compañía de su vieja perra.

Desgraciadamente, el conductor de hoy sólo sabe ir de compras: que si un GPS, que si un detector de rádares, que si unos puntos de carné a trescientos euros la unidad… Todo con tal de poder seguir haciendo el burro, o la mula, con el todoterreno que se ha agenciado. Eso sí es un coche, y no la mierda del 600 de sus padres que no apabullaba a nadie. Y hablando de burros y mulas, yo creía que eran ellas las que trazaban los caminos, pero que de la señalización ya se encargaba el ser humano. Desgraciadamente he llegado a la conclusión de que el filósofo rural me engañó, pues por lo que dice el informe y he sufrido en volante propio, hoy debe de ser justo al revés. Yo creo que ahora las carreteras son trazadas por seres humanos y las señales colocadas por mulas, y así nos va.

Un comentario

  • Anonymous

    Debo decirte que me he reído mucho con tu artículo. Se merece estar en alguna de las mejores publicaciones que presentan afamados columnistas Muchos de ellos no escriben con el gracejo y desparpajo con que tú lo haces. TANA

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