Leer es un placer

Según algunos estudios en España hay más lectoras que lectores, pero los hombres dedican más tiempo que las mujeres a la lectura. La mayoría de nuestros conciudadanos leen porque les gusta, pero también existe una minoría que lee porque no les queda otra, ya que los asaltan a traición con los diarios gratuitos de la mañana. Al menos estos últimos podrían tener la gentileza de poner estos periódicos al derecho, pues quedaría más disimulada su ignorancia y además su vecino de hacinamiento podría leerlo.

El hombre también suele ser de lectura más cómoda que la mujer, pues mientras que ellas leen en los escasos períodos de asueto que les proporciona el día, ellos, sin embargo, cuando se sientan a leer lo hacen a conciencia, aunque se estén quemando los boquerones. Afortunadamente, la reinserción del varón hispánico en nuestra sociedad está permitiendo que se repartan las tareas del hogar, aunque los progresos son todavía lentos. Mientras ella pone una lavadora, ducha a los niños y les repasa la tabla mientras usa la de planchar, el marido lector se agobia leyendo este post-it en la puerta del microondas: “Caliéntalo dos minutos y a comer. Te quiero”. Muchos preferirían que ellas les recitasen su poema favorito, el Te quiero, de Benedetti, mientras les sirven la comida. Y es que desde que se casó está cada día menos romántica, por mucho que lea a Barbara Wood.

Esta clase de lectores se sienten cada vez más aislados e incomprendidos, por eso suelen acabar atrincherándose para leer. Ostentan su reinado de letras rodeados de azulejos, sentados en un trono demasiado humilde para tan sufridas posaderas. De esta manera tienen que despacharse el Marca, el País y hasta el último tocho de Almudena Grandes, pues también leen literatura femenina, para que no digan. Desgraciadamente la paz dura poco en su estrecho feudo, pues primero los niños y luego la mujer aporrean la puerta aduciendo razones mingitorias. El marido lector se resiste esgrimiendo, obviamente, la ley de igualdad de Zapatero que se ha leído esta mañana en el ministerio porque no les funcionaba Internet, pues le permite ocupar el baño el mismo número de horas que su mujer. Si aun así continuase el redoble de nudillos en la puerta, el marido le acabará reprochando que ella se ofrecería a llevarle otro yogur si fuese Coronado y no él quien ocupase el trono. Y la mujer, resignada, le recordará que al menos podría poner el mismo empeño en montar el mueble que compraron hace un mes. Pero es que ella con tanta novela rosa no comprende que el lector de la casa se evade más con el Interviú que descifrando el Código de IKEA.

Un comentario

  • Anonymous

    El cuarto de baño es un buen sitio para evadirse de las tareas cotidianas, y más si te atrincheras con un buen libro o la propaganda del Alcampo, que todo vale. Hay a quien hasta le mueve el cuerpo ver ese tipo de noticias. Y no me dirás que no es leer. La b con la a, ba. Al menos, eso me enseñaban a mí en la escuela.

    TANA

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