Un comentario

  • Domingo

    Aquí otro que sólo puede hablar como hijo y como hijo único además, con toda la leyenda y la mala prensa que acompaña a esa condición. Algún que otro tópico -sobreprotección y satisfacción inmediata de caprichos- sí que se cumple. Yo fui un reyezuelo maorí durante mi infancia y primera adolescencia, y luego entendí que ahí fuera iba a hacer mucho frío y que más valía empezar a corregirse. Mis padres me han “aburrido” poco, siempre me han dado autonomía mientras tendían una red inavisada por debajo para cuando sobreviniera el batacazo. Cometieron los pecados típicos de los padres primerizos que además saben que sólo tendrán un hijo, pero mi gratitud por su vastísimo legado de valores es enorme. Sólo tratando de ser un hijo cada día mejor podré devolverles un meñique de todo lo que han hecho por mí.

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