Metafísica para principiantes (XVII): Principio de causa y efecto

“Toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa”. Así comienza la sexta ley universal del Kybalión. Según esta ley, la suerte o la casualidad no existen. Todo lo que nos ocurre es consecuencia de nuestros actos y nuestras creencias. Nada queda en manos del azar. Y como ya has aprendido durante las anteriores entregas de Metafísica para principiantes, nuestro “libre albedrío” nos permite elegir nuestros pensamientos. Ahí es donde radica el ilimitado poder del ser humano. Por eso debemos abandonar el papel de víctimas y responsabilizarnos de nuestras propias vidas pues, en último término, sólo nosotros somos responsables de lo que nos sucede. Así que deja ya de echarle la culpa a tu jefe, a tu mujer, a tu hijo o al vecino del quinto.

Todos venimos a esta planeta con una misión fundamental: sanarnos a nosotros mismos. Sólo si aprendemos y aplicamos las siete leyes universales comenzará nuestra curación. Para ello es fundamental la práctica del perdón. Nadie podrá evolucionar si vive albergando un profundo rencor en su interior. Si adoptamos una actitud ante la vida generosa, llena de amor y perdón a los demás y a nosotros mismos, la vida nos sonreirá. Por eso todas las religiones nos hablan de la importancia de hacer siempre el bien pues, como habrás oído muchas veces, “recogemos lo que hemos sembrado”. Es la forma popular de expresar la ley de causa y efecto. También Alejandro Jodorowsky lo expresa de forma muy bella: “Lo que das, te lo das. Lo que no das, te lo quitas”.

Seguramente estarás diciendo ahora mismo “Sí, todo eso está muy bien, pero yo conozco a gente muy buena a la que sólo le ocurren desgracias”. Cierto, tienes toda la razón. El motivo es el karma, que nos vincula durante distintas reencarnaciones. Seguramente una persona que sea muy bondadosa y que a su vez esté sufriendo mucho, esté pagando una deuda kármica por el mal que hizo en otra vida anterior. Por ello insisto en que, como me dijo mi amigo y homeópata Sergio Portales hace muchos años, “En esta vida interesa ser bueno”. Por el contrario, si conoces a alguna persona especialmente mala, y ves que la vida le va muy bien, ten por seguro que el Universo antes o después le hará pagar el mal que ha hecho. Quizá así acabará aprendiendo las siete leyes universales, indispensables para seguir evolucionando.

Insisto una vez más en lo fundamental de practicar el perdón. Debemos de perdonar a los demás, sí, pero sobre todo a nosotros mismos. Por muchos errores que hayamos podido cometer en nuestra vida, por muy graves que sean, debemos de perdonarnos. Así saldremos de ese círculo vicioso de victimismo y podremos sentirnos dueños de nuestro destino. La Energía Universal nunca nos va a condenar por nuestros pecados, pues hemos venido aquí a aprender. Sería como pensar que puede ir a prisión un alumno por haber suspendido varias veces el examen práctico de conducir. No debemos de olvidar que sólo somos alumnos aprendiendo en la escuela de la vida.

Un comentario

  • Anonymous

    A veces la vida es muy difícil, y resulta complicado aplicar eso de la ley causa-efecto. Ves que a otros les va muy bien y piensas: ¿tan tonto soy como para que a mí me quede sólo lo malo?

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