Pilar

Recuerdo perfectamente el día que te conocí. Podría llegar a olvidar los nombres de todas las personas que pasaron por mi vida, y te aseguro que fueron muchas a lo largo de mis 87 años, pero nunca el momento en que apareciste tú, lectora tímida y soñadora al encuentro literario de un escritor otoñal. Yo entonces tenía 63 años, ya era un señor mayor, y tu insultante juventud me hizo sentir algo mucho peor: un anciano. Podría haber sido tu padre y sin embargo, paradojas del destino, acabé convirtiéndome en tu marido, tu amante, tu confidente, tu amigo. Quizá algunas gentes no hayan comprendido nuestra relación, pero qué sabrán del amor quienes jamás lo conocieron. Y qué sería de nosotros los escritores si los sentimientos se pudieran entender como una simple operación aritmética. Todos somos libros cerrados, deseosos de que algún alma avisada tenga a bien leer en nuestro interior los versos más tristes y también los más bellos.

Recuerdo que aquella mañana de 1986 no me apetecía quedar con nadie. No estaba de buen humor, me había levantado con dolor de cabeza, y lo último que deseaba era tomar un café y charlar con una periodista ansiosa por conocer al escritor de un libro que le había gustado mucho, ‘Memorial del convento’. La atendería un rato, sería cortés con ella, y después de someterme a su interrogatorio me marcharía con alguna excusa convincente, porque uno ante todo siempre ha sido un caballero, y tampoco era cuestión de que regresara a Sevilla con una idea equivocada (o acertada) sobre mí. Pero las cosas en la vida rara vez suceden como prevemos, y ese día no fue una excepción. Pasaron los minutos, y las horas, y también mi dolor de cabeza, y mis prisas. Se paró el tiempo en mi corazón, pero no en el reloj. Dios mío, cuánto me hubiera gustado creer en ti para suplicarte que jamás terminara esa jornada. Me habría conformado con retrasar un par de horas la puesta del sol. La capital del fado, por primera vez en mucho tiempo, sonaba a canciones de amor con final feliz.

De esto hace ya 24 años. Hemos estado más tiempo juntos del que jamás pasarán la mayoría de parejas jóvenes, a pesar de quedarles toda la vida por delante. A mí, en cambio, ya sólo me queda la muerte. Pero nadie me podrá arrebatar la felicidad de haber compartido contigo tantos buenos momentos, en Lanzarote, en Lisboa, en Sevilla, en Estocolmo… ¿Te acuerdas de aquella tarde en Estocolmo?. Me sentí el hombre más afortunado del mundo por tenerte a mi lado durante la recogida de un premio cuyo nombre, como todos menos el tuyo, también podría olvidar. Ya escribí que los nombres sólo sirven para etiquetarnos, limitarnos y alienarnos, cuando en verdad somos inclasificables, infinitos y únicos, como lo son los buenos amores. Como lo es también el nuestro. Un amor que nació el día que te conocí sin quererte conocer, y que jamás podrá morir porque jamás lo podré olvidar. Jamás me perdonaría olvidar a aquella mujer que apareció en mi vida cuando ya a nadie esperaba, para convertirse en el punto de apoyo que volvió a mover mi mundo. Sempre te amarei.

(Hoy también han homenajeado a Saramago los siguientes blogueros: Emilio, Gloria, Lisi, Transindependiente, Blas, Jaime, Encarna, Fernando María, Enric, Cástor, Carmen, Psiquiatra de familia, Arco, Merhum, Jorge Juan, Bernardo y Alejandro)

A la vista de algunos amables comentarios, me veo obligado a puntualizar que he sido yo el autor de este texto, y no José Saramago.

25 comentarios

  • Mayte

    Preciosa la descripción del amor de Saramago por su mujer, y es que la edad no es óbice para un amor inmenso. Al margen de su obra literaria, el escritor recientemente fallecido nos muestra que no hay ningún motivo por el cual no enamorarse de nuevo y como un niño.

    Me encanta tu forma de plasmar los sentimientos, Fernando. Enhorabuena.

  • gloria

    Una preciosa carta, para leerla y releerla. “Un punto de apoyo que volvió a mover mi mundo” me parece el resumen perfecto de lo que ha de ser un compañero o compañera de la vida.
    Se me vienen a los ojos las lágrimas, sin permiso, al leer “a mi, en cambio, ya sólo me queda la muerte”. Para los que solamente hemos tenido de él sus libros, para los que tenemos nombres que siempre podría olvidar, de alguna manera no morirá nunca.
    Gracias Fernando por esta emoción que traes para acompañar el café de la mañana.
    Un abrazo.

  • Hola Fernando:

    Este texto es la mejor prueba de que el amor no tiene edad y como los años no merman el romanticismo.

    Saludos,

    Jorge Juan

  • Un fragmento precioso, Saramago escribía como los ángeles, y Pilar tuvo mucho que ver.

  • emilio

    Hola Fernando: si has leído el post de merhum, habrás visto que acabo de dejar allí un cometario en el que hablo indirectamente de lo que cuesta entender una relación así. Pero la verdad es que, después de leer este artículo, donde saramago se autorretrata como gran seductor, uno no tiene más remedio que comenzar a comprender cosas y admitir que “ciertas parejas jóvenes” no llegan ni al año de casados: ¿por qué será?

  • Trasindependiente

    ¿Esta carta la has escrito tú? Es una increible declaración de amor y del paso (y del peso o ligereza) del tiempo.

    Gracias y saludos.

  • Fernando Solera

    Muchísimas gracias por vuestros comentarios, amigos. De todas formas me gustaría puntualizar que el texto es mío, y no de Saramago. Un abrazo a todos.

  • Alejandro

    Gracias por recalcarlo porque al leerlo por segunda vez seguía pensando que era obra del escritor. Muy bueno el artículo, Un saludo, Alejandro.

  • gloria

    Pues mi oído me dice que el autor de esa carta de “desafinado” no tiene nada, bien al contrario. No sé como será la primera que ella guarda, envuelta con un lazo decía, pero esta que le/nos regalas, es preciosa.

  • envoltura

    Qué belleza! Llevo parte del día leyendo a los bloguer@s de La Comunidad las publicaciones sobre José Saramago y entre los amigos que habéis decidido escribir sobre este gran Hombre está tu enlace a este blog. También me ha encantado leer esta carta que escribiría en su momento José Saramago a su esposa Pilar.
    Encontré en su Blog Otros Cuadernos de Saramago, un post que redactó sobre su Fundación…

    Presidenta
    Por José Saramago

    Este texto cierra medio año de trabajo. Otros trabajos y años vendrán a continuación si los hados así lo quieren. Hoy, porque coincide con su aniversario, mi tema es Pilar. No habrá ninguna sorpresa para quien recuerde lo que sobre ella he dicho y escrito en el ya casi cuarto de siglo que llevamos juntos. Esta vez, sin embargo, quiero dejar constancia, y supremamente lo quiero, de lo que ella significa para mí, no tanto por ser la mujer que amo (que eso son cuentas de nuestro rosario privado), sino porque gracias a su inteligencia, a su capacidad creativa, a su sensibilidad, y también a su tenacidad, la vida de este escritor ha podido ser, más que la de un autor de razonable éxito, la de una continua ascensión humana. Faltaba, aunque eso no lo podía imaginar antes, la idealización y concreción de algo que fuera más allá de la esfera de la actividad profesional o que pudiera presentarse como su prolongación natural. Así nació la Fundación, obra en todo y por todo obra de Pilar y cuyo futuro no puede concebirse, a mi entender, sin su presencia, sin su acción, sin su genio particular. Dejo en sus manos el destino de la obra que creó, su progreso, su desarrollo. Nadie lo merecería más, ni siquiera de lejos. La Fundación es un espejo en que nos contemplamos los dos, pero la mano que lo sostiene, la mano firme que lo sostiene, es la de Pilar. En ella confío como en ninguna otra persona sería capaz. Casi me apetece decir: este es mi testamento. Pero no nos asustemos, no voy a morir, la Presidenta no me lo permitiría. Ya le debí la vida una vez, ahora es la vida de la Fundación la que ella deberá proteger y defender. Contra todo y contra todos. Sin piedad, si llegara a ser necesario.

    Saludos.

  • Cástor

    Delicioso texto lleno de aciertos: tema.ambientes, lenguaje, imágenes…
    Mi sincera enhorabuena. Un abrazo. Cástor

  • liliana

    Me he quedado sin palabras. Buscaba información sobre Saramago y de Pilar para mis alumnos.Tu historia, tan bien narrada, seguro que a él le habría encantado.Me ha emocionado.
    Un saludo y vuelvo a leerla.

  • Me quito el sombrero, Fernando. Nos has deleitado con un texto excelente, en su forma y en su fondo. Un abrazo.

  • El amor, a menudo, nos salva. Y más cuando ya hemos perdido toda esperanza de encontrarlo. Es entonces cuando suele saltar la sorpresa. Pilar fue báculo para Saramago y quizá no hubiera escrito lo que escribió si antes no la hubiera conocido. No, definitivamente hubiera escrito otras cosas, puede que también obras de arte, pero no las mismas. Otras. Tu texto es hermoso, amigo Fernando, porque en él, obvio, hay mucho de ti. El amor cambia de nombres y de rostros, pero su esencia es siempre la misma. Todos, desde el chapista del taller mecánico de nuestro barrio hasta el último Nobel, todos, nos reconocemos en el amor. Ahí convergen todos los caminos, al menos los que merecen la pena.

  • Esta claro que el amor no tiene edad, y tu has sabido plasmar un sentimiento único de un ser único, precioso Fernando.
    Bicos.

  • Preciosa carta de amor, y es que, no hay fecha de caducidad, ni límite en edad, cuando se ama, todo ello es secundario, lo importante es estar vivos y jóvenes en sentimientos, lo demás, no importa, y sí el amor que se puede llegar a sentir por alguien, sin razón de edad alguna.

    Te felicito, Fernando, por este post.

    Un beso.

  • Fernando Solera

    Merhum, Mayte, Gloria, Jorge Juan, Enric, Emilio, Transindependiente, Jaime, Alejandro, Gloria, envoltura, Cástor, Fernando María, Liliana, Carlos Javier, Domingo, Celia y María:

    Muchísimas gracias a todos por vuestros generosos comentarios. Lo único que he pretendido con este texto ha sido ponerme en la piel de un hombre enamorado. Basándome en datos reales y con referencias veladas a alguna obra suya, estrujé la imaginación para intuir qué le podría decir hoy a su amada, ahora que ya no está entre los vivos. Se podría decir que es una ficticia carta póstuma.

    Una vez más muchas gracias, amigos. Y no olvidéis que cualquiera de vosotros puede ser protagonista de un gran amor, como el que vivió esta pareja.

  • julia

    Cuando se habla de sentimientos, como nos llega, y si has vivido o sentido un amor asi, cómo te identificas, sabes perfectamente de lo que se habla.

    Huega decir, que me ha encantado el texto, su forma de explicarlo ha sido impetable, y una vez más cuando uno se enamora, no importa los obstáculos, prevalece lo que hay.

    Saludos.

  • Fernando, una sugerencia: ¿por qué no le haces llegar el enlace a este texto a Pilar?

    • Fernando Solera

      Veré lo que puedo hacer, Carlos, aunque si te soy sincero en el fondo me da mucho corte. Al menos voy a intentarlo. Muchas gracias.

      • julia

        Fernando, que no te dé corte, es muy historia preciosísima y seguro que al leerla se va a sentir super bien, pensando que su amor se entendió, y no sólo se criticó.
        Adelante: estás cosas no tienen que producir corte…
        Saludos

  • emilio

    Por favor, añade a la lista:
    – Mi padre y Saramago, de Bernardo Ramos Vañó
    http://bramosv.blogspot.com/2010/07/jose-saramago.html
    No entró en su momento por ya sabes qué problemas…

  • Psiquiatra de familia

    Muy bonita tu declaración de amor, al amor…
    Sí, el amor no tiene edad, porque se juegan otras cosas en el acto de enamorarse…
    Lo que sí tiene edad es la persona, y nadie sabe cuándo toca morir… ni a qué edad…
    Pues te has decantado por el amor para homenajear a saramago…
    Me parece genial
    Un saludo

  • crguarddon

    Me ha emocionado leerte…sigues en plena forma.
    ¡Enhorabuena por tu texto.
    Un abrazo

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