Porque la vida puede ser…

… maravillosa. Basta que en la tele se repita hasta la saciedad un latiguillo, para que el pueblo llano o share lo esté diciendo a todas horas. Quizá su antecedente televisivo en los ochenta fuese la melodiosa palabra veintidós, que popularizó el dúo ¿humorístico? Sacapuntas en el Un, dos, tres. Los noventa llegaron con Chiquito de la Calzada para subir el listón, con expresiones como pecador de la pradera. No pocos graciosos, a los ojos de sus abuelas, nos deprimieron imitando hasta la extenuación al otrora alopécico cantaor. Todas esas frases o expresiones han sido desgastadas hasta el delirio por muchos plastas que no han aprendido la siguiente máxima: cuando no tengas nada bueno que decir, chavalote, lo mejor que puede hacer es callarte.

Andrés Montes, veterano locutor de partidos de baloncesto en la radio, ha trasladado su estilo de amiguetes cañeándose a los domicilios de nuestros deportistas de salón, la disciplina atlética que en nuestro país cuenta con mayor número de federados. Muy lejos quedan los tiempos de José Félix Pons, Nacho Rodríguez Márquez y Héctor Quiroga, que retransmitían en los ochenta los partidos de baloncesto como si de la Santa Misa se tratara. Quizá porque aquella selección empezaba a ganar milagrosamente, y tampoco era cuestión de cabrear a los dioses. Ahora la victoria se ha convertido en un hábito secular, gracias a esta generación que ha tomado más ColaCao que la de Corbalán, Romay, Epi, Martín, Sibilio, Jiménez, Solozábal, Iturriaga y compañía. Y claro, se nota. Por eso las retransmisiones de los partidos dan para hablar de las planchas japonesas, las bondades del jamón serrano y las pochas de los jugadores, que de baloncesto ya hablaremos otro día.

Comienza el Europeo de baloncesto y la única preocupación hasta ahora fue hablar del lesionado Garbajosa. Mientras, la selección seguía ganando de veinticinco cada partido, y que pase el siguiente. Afortunadamente el jugador de Toronto se ha recuperado a tiempo y será sin duda el jugador más motivado y, como siempre, el más despeinado. Un hombre que llegó a ofrecerse para pagar de su bolsillo la póliza y así poder jugar. Ésa es la pasión del equipo nacional de Pepu Hernández, el único entrenador de patio de colegio con una medalla de oro. Es la misma pasión de su narrador oficial, Andrés Montes, un hombre que estuvo a punto de irse al otro barrio, sin aseguradora dispuesta a prorrogar su estancia en nuestro valle de lágrimas. Quizá por eso sea la persona adecuada para desdramatizar los partidos, recordándonos permanentemente que el deporte es sólo un juego y que, tanto si se gana como si se pierde, la vida puede ser maravillosa.

Un comentario

  • Anonymous

    Estupendo tu artículo. El baloncesto, siempre relegado a segunda por el dichoso fútbol, merece los mejores comentarios, aunque no sean esos los de Andrés Montes. Digo lo de los mejores comentarios porque, con una selección como la actual, el panorama deportivo es fabuloso para España. Y todo, creo yo, gracias a un entrenador tan magnífico, humilde y sencillo, como Pepu Hernández. TANA

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