Quien roba a un ladrón

Hoy nos contaron por la tele que en nuestro país casi el 50% de los huéspedes tiene la costumbre de llevarse a fondo perdido objetos de los hoteles. No sabía yo que en España hubiese tantos cleptómanos. La locutora amplió la información asegurando que cuando nos marchamos de los hoteles, solemos hacerlo hasta con televisores de plasma, que inicialmente no formaban parte de nuestro equipaje. Debe de ser que el muestreo lo han hecho en hoteles de postín, afectados por la visita de palanqueros de monóculo (Umbral dixit). No creo yo que en los de tres estrellas puedas ver el Tomate en un ventano de cuarenta pulgadas. En descargo de los hoteles y su seguridad, debemos decir que esos televisores son muy ligeros, además de discretos, siempre que los pases de canto por delante de recepción. Apropiarse indebidamente del Telefunken de cincuenta kilos de mi abuela, al que ella tanto quería, hubiese implicado una dificultad técnica y atlética mucho mayor.

Con nuestra afición de llevarnos enseres de los hoteles como si fuesen souvenirs, quizá nos resarcimos de ser el país de la Unión Europea que más ha subido los precios en la hostelería desde la llegada del euro. El incremento de tarifas lo estiman en torno al 40%, aunque para mí que los que han hecho el estudio no han visitado el bar de la esquina. Me refiero a todos aquellos bares que celebraron la llegada del 2002 a lo grande, actualizando el precio de la caña de cien pesetas a un euro. Esos mismos hosteleros salen ahora por la tele plañendo, lamentándose de que la gente ya no se deje sablear en sus comercios, pues ahora seis personas piden una paella para tres. Me viene a la memoria una frase lapidaria de un compañero de trabajo de mi padre: “Todos los tenderos son unos ladrones”. Era de tan radical opinión porque su primer trabajo fue de arenero: suministraba sacos de arena a una tienda de ultramarinos durante la posguerra, para que el dependiente la echase en las patatas.

Cualquiera que conozca nuestra historia, todos salvo los estudiantes de las últimas reformas educativas, sabe que la de nuestro país siempre fue de pícaros y mercaderes. De hecho, los millones de damnificados del euribor están empezando a travestirse en Buscones del siglo XXI. Los conocerás por pequeños detalles, como el de verlos sisando el buffet matinal del hotel haciendo bocadillos, ahorrándose así la comida en el chiringuito playero. Y es que de alguna forma habrá que ir tirando, especialmente ahora, que han decido restringir el uso de los cheques-comida de empresa, con los que toda la familia salía a comer de gañote los sábados, copa y puro incluidos, también para el perro.

Un comentario

  • Anonymous

    jajajajajajajajaja ¡Fantástico tu artículo! Me encanta tu fina ironía sobre algo tan triste como las escaseses económicas del españolito de a pié en los tiempos que corren, y sobre todo en los venideros. TANA

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