Quizás, quizás, quizás

Aunque el Metro no sea el lugar más adecuado para reflexionar, a veces es el único que nos permite la vida moderna. Entre mochilas, jamonas embutidas y adictos a la PSP y al iPod, acabas acostumbrándote a la monótona melodía de los convoyes y sus trashumantes viajeros. Ayer, servidor de ustedes, cavilaba en su vagón sobre lo caro que últimamente se ha puesto el pollo. Quizá gracias a esa subida mi pollero del mercado de Maravillas se ha podido comprar un pedazo de todoterreno. Pero seguro que su nuevo carro no funciona con los biocombustibles en los que se ha escudado para subirme las pechugas.

En ésas me encontraba cuando, en el otro extremo del vagón, comenzó a sonar una clásica melodía. Descubrí entonces que posiblemente la música sea el único arte que pueda contravenir las leyes de la física. En ocasiones unas simples notas anteceden a cualquier imagen, ya sea externa o mental. Eso me ocurrió con el viejo acordeonista que tocaba un viejo acordeón. Sólo la melodía que arrancó a su instrumento me permitió advertir su modesta presencia.

Acompañado por la soledad del Metro, rememoré la letra del bolero que a duras penas salía de su acordeón. “Siempre que te preguntas que cuándo, cómo y dónde, tú siempre me respondes quizás, quizás, quizás”. Aunque originalmente fue un canto a las calabazas, descubrí que esas mismas preguntas nos las hacemos tú y yo constantemente. Nos asaltan nuestras dudas y temores, dejando pasar las estaciones como viajeros indecisos en el suburbano de la vida. Probablemente porque temamos salir a la superficie. Pero no siempre viajamos en una línea circular que nos brinde una segunda oportunidad de apearnos en la estación deseada.

“Y así pasan los días, y yo desesperado…”, y los meses, y los años. Y la vida. La dejamos pasar sin luchar por nuestro sueños, temerosos de ser rechazados por nuestro entorno. “Estás perdiendo el tiempo pensando, pensando… Por lo que tú más quieras, ¿hasta cuándo?, ¿hasta cuándo?” ¿Hasta cuándo vamos a permanecer paralizados por nuestros respectivos miedos y tribus? Pensamos demasiado y actuamos muy poco, sublimando nuestros instintos más puros en aras de ser normal, de ser como los demás. Y así encajar en un ejército de desesperados que corren temerosos sin saber hasta cuándo. Quizá hasta que aprendamos de nuestra madre naturaleza que la mariposa nunca trata de ser un roble.

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