No somos nadie

fu_selfCada día mueren decenas de miles de personas en nuestro planeta. A veces, algunas de ellas son conocidas nuestras. Y llegará un día en que tú mismo engrosarás la lista de los plañidos. En occidente vivimos de espaldas a la muerte, cuando en verdad es la gran aliada de la vida. Sólo siendo plenamente conscientes de que esto se acaba, podremos tomarnos en serio el tiempo que nos ha tocado vivir. Y nada mejor para ello que no tomárselo demasiado en serio. Resulta paradójico, ¿verdad? En ‘Carmina y Amén’, comedia de Paco León, varios hombres filosofan ante un difunto, y uno afirma que “últimamente se está muriendo gente que no se había muerto nunca”. Y es que con los años y los daños, comprendes que sólo el humor, y el amor, nos pueden permitir sobrevivir entre tantas piedras en el camino.

Una persona cualquiera, que podría haber sido tú o yo mismo, ha muerto. Había vivido a su manera, sin calentarse mucho la cabeza. Yo sólo la veía en la BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones) y siempre me pareció una persona desinhibida, que hizo lo que quiso, y por eso la criticaban quienes nunca hicieron lo que quisieron. Los más envidiados suelen ser las almas libres, que viven y dejan vivir, que se toman la vida como una fiesta y que no están pendientes de las opiniones, siempre críticas, de los prójimos que ni viven ni dejan hacerlo. Esa difunta hoy ya tiene sus deudas saldadas. No tendrá que preocuparse más de las menudencias por las que, quienes seguimos aquí, nos angustiamos a diario. Y quienes no dejan de llorar a sus difuntos, deberían lamentarse menos y recordar con alegría los años que pudieron disfrutar en su compañía. Al fin y al cabo se les llora por egoísmo, por el doloroso vacío que nos dejan los seres queridos al partir. Pero si realmente pensáramos en ellos, convendríamos que no tiene demasiado sentido llorar por quienes, de alguna manera, seguirán siempre con nosotros. Otra cosa distinta es que nos lamentemos por no haberles dicho que les queríamos, o por haber sido injustos con ellos. Suele pasar hasta en las mejores familias. Pero todo eso carece de importancia para quienes ya no están aquí. Vuelve a ser nuestro ego quien nos juzga y nos condena, no ellos.

Desde el ateísmo más científico a la fe más religiosa, todas las creencias son respetables. Yo sólo puedo decir, como consecuencia directa de mi experiencia personal, que ya sea aquí o allá lo único relevante es el bien que hagamos. Tengamos muy presente que si existe algo 100% comunista es la muerte, quizá por eso muchos la temen tanto como a Pablo Iglesias. Todos vamos a pasar por ella, y tú tampoco te vas a librar. Un día, espero que lejano, desfilarán también ante ti en un tanatorio, como gesto de respeto. Pero desengáñate, porque no tardarán muchos minutos en empezar a hablar de fútbol, de política o de quienes todavía no se han pasado por delante de tu féretro. En fin, qué chiquillos… Ya en el ataúd comprenderemos por fin que no somos nadie, y a su vez lo somos todo. Comprenderemos que nunca debemos infravalorar nuestro paso por la Tierra porque, de alguna manera, quedará para siempre nuestra huella. Y comprenderemos que bastante hicimos con poner nuestro grano de arena para convertir el infierno en cielo, pues ambos están aquí y ahora. Cantad vuestra propia canción sin dañar a nadie, que vuestros seres queridos, los vivos y los difuntos, os lo agradecerán. Y los demás también lo haremos.

Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on TwitterPin on Pinterest0Email this to someone

8 comentarios

  • Domingo

    Cuánta verdad en tus palabras, Fernando. El sentimiento de pérdida es el más infantil, el más egoísta de todos, porque no lloramos por quien se va, lloramos porque nos deja solos. Creo que toda muerte nos pilla siempre con la cuenta del debe y del haber desactualizada, desatendida la mayor parte de las ocasiones. De ahí el dolor, el por qué no hice esto o lo otro o dije aquello o lo de más allá cuando aún había tiempo. Tormento inútil ante el trayecto irreversible que es la muerte. De aquí hay que irse lo más tranquilo posible, que lo que esté en nuestra mano que por nosotros no quede. A eso podemos (y debemos) aspirar.

  • Quizás lo más maravilloso, Fernando, es que, después de siglos y milenios de presencia humana en la Tierra, continuemos sin saber prácticamente nada acerca de la vida y de la muerte, del misterio todavía irresoluble por el que venimos, nos quedamos un rato y nos vamos. Vida y muerte… conceptos usados demasiado a la ligera, como si supiéramos a ciencia cierta, por ejemplo, que se trata de términos antagónicos. Somos seres del presente, que recordamos lo más relevante del pasado y nos perdemos intentando proyectarnos en un futuro que ni tan siquiera sabemos si vamos a vivir o no, al mismo tiempo que la mayoría de los individuos de las sociedades occidentales hipotecan sus vidas a largo plazo, dando por hecho que dispondrán de dicho tiempo para completar su proyecto vital.

    Os dejo con un cortometraje mexicano del 2001, Hasta los Huesos, que nos muestra otra visión de la vida y de la muerte.
    http://youtu.be/VR_hPPV8td8

    Salut!

    • Fernando Solera

      Muchas gracias por el corto, Samuel. En México en particular y en Latinoamérica en general, tiene una visión muy distinta respecto a estos temas.

      En cuanto a tu reflexión, nada puedo añadir. Eres una persona muy consciente, con la mente muy abierta, y una vez más lo has demostrado. Tenemos tanto que aprender… y tan poco tiempo.

  • Bernardo

    Que alegría, hacía mucho que no visitaba tu blog, lo echaba de menos, me encanta lo que escribes, tus letras son un oasis en este desierto donde lo diario a veces es insoportable.
    Yo también soy de los que se preguntan todos los días, ¿Qué finalidad tiene la vida?, tanto fijarnos en las metas, los destinos, los objetivos, y resulta que lo vital esta en el camino, en el viaje, en el crecimiento diario, en el amor como valor universal.
    Cada vez que leo tus escritos me siento Feliz, todos los meses me voy al templo de la sabiduría (la biblioteca del barrio), y tomo en mis manos un libro para intentar entenderme y entender ¿quién soy? ¿qué hago aquí?.

    Un saludo.

    Bernardo.

    • Fernando Solera

      Jo, Bernardo, muchas gracias por tus palabras. De verdad que animan incluso en momentos de desaliento. Gracias, de verdad. Creo que en el fondo todos los seres humanos tenemos las mismas dudas existenciales, y quizá parte del secreto de vivir radique en ir encontrando alguna respuesta.

      Un abrazo.

  • Para mí, hablar de la muerte es sinónimo de ponerse trascendente. Los libros de texto hablan de la preocupación que este tema provocaba por ejemplo en Unamuno o en Juan Ramón Jiménez. Hoy morirse, ya no es lo que era. Todavía a principios de siglo XX un joven padre era llamado a filas y si moría por ejemplo en una de las frecuentes guerras en Marruecos, dejaba viuda y un montón de hijos en el hospicio o en la calle que tenían que sobrevivir ” de aquella manera”. Hoy, en parte por lo que vemos en la tele, las cosas han cambiado y el hecho ha perdido parte de su trascendencia…pero todavía nos cuesta aproximarnos a él con naturalidad. Y es que ésta no se improvisa. Al contrario, es fruto de grandes cambios de mentalidad y eso lleva su tiempo…

    • Fernando Solera

      Agradezco mucho tu erudita respuesta, querido Emilio. Es cierto que los tiempos han cambiado mucho, pero en el fondo todos los seres humanos, desde tiempos inmemoriales, tenemos esa inquietud por saber lo que habrá después. Si es que hay algo, claro. Yo soy de los que intuye que sí, sin ser creyente religioso, pero nadie ha venido a contármelo. La ciencia se está llegando poco a poco a conclusiones que invitan a afirmar que a lo mejor nos llevamos una sorpresa cuando nos llegue la parca.

      Un abrazo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *