Todos somos Alcántara

Supongo que ahora Imanol Arias y su familia televisiva estarán descansando antes de comenzar el rodaje de la nueva temporada de Cuéntame. El hombre que interpreta al cabeza de familia de los Alcántara probablemente esté en estos momentos remojando su enjuto cuerpo cerca de un Gibraltar que sigue, como entonces, sin ser español. Nuestro país ha cambiado en muchos aspectos desde aquellos sesenta/setenta que refleja la serie de TVE, es cierto, pero en otros estamos regresando al pasado. En Madrid hace décadas que no podemos leer su diario homónimo, pero contamos con varios periódicos gratuitos. Uno de ellos, 20 minutos, nos acaba de contar que este verano más del 55% de los españoles se queda sin vacaciones.

El motivo no es un irrefrenable amor a su tierra, cual Nino Bravo o Gloria Estefan, sino una falta de liquidez preocupante, sobre todo para los millones de ciudadanos que la padecen. O dicho de otra manera, que se acabó lo de vivir como ricos tirando de crédito. Ha venido el tío Paco con las rebajas, y los que se quedan en las grandes ciudades no se atreven ni a pasar a refrigerarse por las de El Corte Inglés, ya se puede poner Luis Varela como quiera. Tras la última revisión de su hipoteca muchos españolitos, otrora alegres y ufanos compradores de un pisito, han comprendido por fin lo que es el euribor. Se podría definir como un valor que cuando está bajo es muy saludable, pero que si sube demasiado te puede quitar la vida. Como la tensión arterial, aunque para mejorarte del euribor no baste con suprimir la sal de las comidas.

Para acabar saliendo a flote y que la marea no se nos lleve por delante, habrá que suprimir también algunos de los lujos que hemos incorporado a nuestras vidas en este último lustro de nuevos ricos. Nos compraremos un móvil nuevo cuando se haya roto el antiguo y no cada seis meses para competir con nuestro cuñado, nos compraremos coches de segunda mano cuando el nuestro esté para el desguace y no todoterrenos de primera, saldremos menos los fines de semana, y no nos iremos de vacaciones al sexto pino para dar envidia en la oficina. Esto último ya es una realidad, como asegura el citado informe del CIS. Yo mismo acabo de pasar una semana en El Tiemblo (Ávila), y tengo claro que el año pasado por estas mismas fechas allí había bastantes más veraneantes.

Puede que no sea tan mala esta nueva/antigua coyuntura. A lo mejor las desestructuradas familias actuales vuelven a quererse si comen juntos una tortilla con hormigas debajo de una higuera, para tras hacer la digestión bañarse en el pantano, como lo hicieron nuestros padres y abuelos. Eran más pobres pero probablemente también más felices, porque no les habían creado artificialmente tantas necesidades. Así que deja de preocuparte por ir a la última, pues como además las modas vuelven periódicamente, es posible que puedas salir del paso con las antiguas prendas que guardas en un rincón perdido con olor a naftalina. Ten claro que la felicidad que te anuncian por la tele no existe, como tampoco la cacareada libertad de expresión. Como entonces.

Un comentario

  • Anonymous

    Yo he ido a veranear muchos años a un pueblo de Huesca, y desde allí hacíamos excursiones saliendo al campo. En los 70 y 80 se veía a mucha gente con la tortilla y fiambrera, como dices, y sentados en sus sillas de camping a la sombra de un pino. Ahora eso no se ve. Quizá tengas razón y vuelvan aquellos tiempos. TANA

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