Tursun Gul

En el magnífico blog Sé y haz he aprendido muchas cosas. Entre otras, que jamás debemos subestimar nuestra capacidad para cambiar el mundo.  Seres humanos como Rosa Parks, Martin Luther King o el hombre del tanque, entre otros, nos lo demostraron con su ejemplo vital. A esa galería de personalidades históricas tenemos que incorporar a una gran mujer, anónima hasta la semana pasada: Tursun Gul.

Así narró los hechos el diario El Mundo:

“¡Soltad a nuestros maridos! ¡Liberad a nuestros hijos!”. Tursun Gul avanza haciendo equilibrio con la muleta. La mano izquierda, en alto y con el puño cerrado, puntúa cada una de sus súplicas. En solitario, la mujer vestida de negro planta cara a una fila de soldados y tanquetas antidisturbios. Pide que le devuelvan a su marido y cuatro hermanos, arrestados poco después del festín de sangre y destrucción que se dieron un buen grupo de uigures en las calles de Urumqi.

A los soldados, que se cuidan mucho de reprimir la protesta, no les queda sino retroceder ante el sollozo de una esposa y hermana que no entiende por qué se han llevado a los suyos. “Pasé miedo, porque estaban armados. Pero algo en mi interior me empujó adelante”, recuerda Tursun. El suyo fue un gesto valiente y arriesgado, un desafío a la autoridad abocado a otro final de no ser por la presencia de decenas de periodistas.

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